25 de Septiembre de 2018

Opinión

Mario Villanueva, “la oveja negra”

¿Cómo está mi oveja negra”, saludó el presidente Ernesto Zedillo al gobernador Mario Villanueva, antes de darle un abrazo inesperado...

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¿Cómo está mi oveja negra”, saludó el presidente Ernesto Zedillo al gobernador Mario Villanueva, antes de darle un abrazo inesperado. El encuentro fue en Los Pinos aquella tarde de fines de octubre de 1998, cuando apenas se desintegraban los cadáveres del inaudito proceso interno del PRI para la selección de candidato a la gubernatura, del que emergió como triunfador el chetumaleño Joaquín Hendricks, quien superó por escaso margen a la cozumeleña y amplia favorita, Addy Joaquín Coldwell.

Villanueva había consumado la travesura más audaz en aquellos tiempos de temible presidencialismo priista, ya que dinamitó las vías de ferrocarril en las que se desplazaba en plan triunfal la hermana del ex gobernador Pedro Joaquín Coldwell. Por ello el gobernador acudía a la cita aguardando lo peor.

Una llamada telefónica del Secretario de Gobernación, Francisco Labastida Ochoa, sorprendió un día antes a Villanueva a punto de llegar a su rancho El Mostrenco, cuando retornaba de la sesión efectuada en la Casa de Pueblo del PRI. Sin consultarlo, el candidato Hendricks decidió relevar a Enrique Alonso Alcocer de la dirigencia estatal del PRI, encumbrando a José Arjona Carrasco.

Las formas disgustaron a Mario, y por ello consultó con dos hombres de su absoluta confianza. Villanueva valoró la opción de acudir al evento para renunciar al PRI. A esas alturas del partido Mario era capaz de todo. “Afirmativo”, respaldó Enrique Alonso al mandatario en el tobogán. 

Pero cuentan que Raúl Santana Bastarrachea sugirió prudencia al bronco mandatario, ya que una confrontación con el dirigente nacional del PRI, Mariano Palacios Alcocer, equivalía a desafiar al Presidente. Así de tan delicado el salto al vacío.

Villanueva acudió a la sede del partido y se declaró “gobernador independiente”. El reporte puso en alerta a Francisco Labastida, quien lo invitó a dialogar al día siguiente a las seis de la tarde. Pero la cita fue en Los Pinos con Zedillo, quien pidió a Villanueva que desactivara lo dicho, dejando por la paz eso de ser “independiente”.

El gobernador aceptó sin condicionar, y fue despedido por Liébano Sáenz, Secretario Particular del Presidente. Y claro que reiteró su militancia priista. Fue la última vez que Zedillo recibió a Villanueva, quien había lanzado sus cartas en ese tenso juego de póquer cuya apuesta cotidiana era el poder y el patíbulo.

Refundemos nuestro sistema

Nuestro sistema político electoral debe ser refundado para que responda a los intereses de la población. Porque es inaceptable que ocurra lo siguiente:

Un PRI que gasta montañas de millones al margen de la ley, mientras el Instituto Nacional Electoral (INE) lo solapa. Los topes a los gastos de campaña han sido una farsa, y todos los consejeros electorales lo saben muy bien.

Una oposición cómplice, que disfruta los ríos de millones en sus posiciones plurinominales, por lo regular. A veces el PAN se va a la cama con el PRI, y con frecuencia hay intercambio de parejas, según convenga.

La Cámara de Diputados nos cuesta demasiado, y si la tuviesen en Cuba con esas dimensiones habría colapsado al régimen de Fidel Castro en dos o tres años, cuando mucho. Porque nuestro poder legislativo es uno de los más caros del mundo, pero lo que tiene de caro lo tiene de improductivo.

El mexicano promedio no sabe ni jota de política, y por lo tanto desconoce las funciones rigurosas de un diputado federal o senador. Y la credencial de elector la adquiere para cambiar cheques. Impresionante el nivel de ignorancia política de millones de mexicanos, pero esto conviene a quienes llevan las riendas del país.

Una opción: aplicar un examen de conocimientos básicos de política a los jóvenes de 18 años que acuden a solicitar su credencial de elector. Porque el problema se complica a este nivel, ya que se permite este nivel de ignorancia de electores sin el conocimiento elemental de lo que está en juego en su país.

Puedo seguir enumerando, pero les presento una propuesta nada original, pero válida:

Hay que empezar a trabajar en las escuelas a partir del primer grado de primaria, para que los niños se eduquen en democracia seleccionando a sus jefes de grupo, participando en debates y teniendo acceso a información de su entorno: aumento en tarifas, huelgas, comportamiento de los partidos y sus líderes, actos de corrupción, antecedentes.

Desde esa etapa se les debe acostumbrar a no vender el voto. Porque su venta no es cuestión de pobreza, sino de excesivo cinismo.

El INE no tiene la varita mágica para mejorar nuestra democracia. La varita está en las nuevas generaciones de mexicanos. No hay de otra.

Las decisiones de los senadores

Más allá del infame desempeño de la senadora perredista Luz María Beristain Navarrete, quien no acudió a la votación de la que emergió Eduardo Medina Mora como Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación –Luz Ma se reunió con el gobernador Roberto Borge–, me parece absurdo de dejar en manos de ineptos senadores la tarea de dar luz verde al Señor Ministro, por ejemplo.

Porque esto equivale a dejar en manos del Senado la selección del Nobel de Literatura, Física o Medicina ¿O acaso ellos pueden decidir qué película merece el Oscar?

Uno imagina perfiles griegos en el Senado, pero es nuestro mundo es una guarida de ineptos como "El Niño Verde" Jorge Emilio González Martínez (con licencia) o Lady Senadora Luz María Beristain, una señora que no me decepciona porque nada bueno esperé de ella.

Pero nuestros senadores analizan perfiles y dicen "este es el idóneo para la Corte". En todo caso, un grupo de expertos en derecho debe postular candidatos, evaluando realmente los perfiles. Se trata de dejar estas decisiones tan delicadas en manos de los expertos

Porque los senadores son los menos indicados para tomar este tipo de decisiones, ya que deciden con criterios políticos, algo muy grave porque se afecta duramente a las instituciones.

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