19 de Septiembre de 2018

Opinión

La Regina y la cabra

'Qué calor, Regina'. 'Sí, Don. Quisiera ir a Cancún a disfrutar como el año pasado'. '¿Fuiste?'. 'No, pero también tenía un montón de ganas de ir'.

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Viernes de limpieza y ayuda de Regina. El sudor hacía parecer su playera una mala radiografía, mostrando detalles precisos de un cuerpo que contribuye, sin duda, no al calentamiento del mundo, pero sí del rumbo. “Qué calor, Regina”. “Sí, Don. Quisiera ir a Cancún a disfrutar como el año pasado”. “¿Fuiste?”. “No, pero también tenía un montón de ganas de ir”.

“Vaya…”. “El calor me salió caro”. “¿Por qué?”. “Me perdí en el monte con mi sobrino. Estábamos por morir de sed. Encontramos un hoyo en el suelo y él quería meterse. ‘Espera, aguanta un poco más. Echa una piedra para ver si el agua está cerca’. Tomó una gran piedra y la echó por el hoyo. Pasaron unos segundos, y nada. ‘Qué profundo está, tía’. ‘Shhh, espera, ya llegará’, le dije.

Y en eso, desde lejos se deja venir a toda velocidad una cabra. ‘¡Mira esa cabra! ¡Cómo corre!’. La cabra pasó volando y se tiró de cabeza por el hoyo. ‘Puchis, esa cabra tenía más sed que tú, ¿eh?’.

Y que llega un viejo y pregunta: ‘Hola, ¿han visto mi cabra?’. ‘¡Sí, se arrojó por el hoyo de cabeza! Pobrecilla, debía tener mucha sed’ y contestó: ‘Imposible que sea la mía, la dejé amarrada a una piedra”. Y bueno, Don… tuve que pagar la cabra”. “Qué familia, Regina”.

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