19 de Octubre de 2018

Opinión

Regina y la casa de la playa

‘Ramona, de esta noche no pasas’, así que voy a despedirme de los míos, señora’. Y renunció.

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Durante los trabajos de limpieza en la casa el viernes, apareció la Regina para apoyarnos. Su perfección física confirma la sabiduría de la madre naturaleza que, de vez en vez, crea llamativos especímenes que despiertan en el macho el responsable y justificado deseo de preservar la especie.

“¿Cómo estás, Regina?”. “Bien Don, con mucho trabajo. Los riquillos se van a la playa y nos contratan para atenderlos. Pagan mal, pero al menos pagan mejor.

La que renunció al trabajo en una lujosa casa de la playa fue mi prima Ramona”. “¿Y eso?”. “Pues fíjese que, llorando, la Ramona se acercó a la señora de la casa con maleta en mano y le dijo: ‘Doña, me voy a mi pueblo a morir cerca de mis hijos’. ‘¿Qué? ¿Cómo dices eso?’-le preguntó la señora.

‘Doña, usted siempre dice que su esposo es un gran médico y que nunca se equivoca cuando diagnostica’. ‘Así es Ramona, nunca se ha equivocado. ¿Qué tiene que ver eso contigo?’ ‘Pues fíjese que hoy, mientras le servía el desayuno al doctor, me auscultó las nalgas y me dijo: ‘Ramona, de esta noche no pasas’, así que voy a despedirme de los míos, señora’. Y renunció,

Don”. “Hizo bien”. “Sí, Don… y además el buen doctor ni la consulta le cobró”.

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