21 de Septiembre de 2018

Opinión

Rendimientos decrecientes

En Morena se vienen reproduciendo formas que no tienen nada que ver con la democracia y que corresponden más a sistemas de control para impedir la participación de la gente y para maniatar el disenso.

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Marcadas por la polémica desatada por Manlio Fabio Beltrones sobre la necesidad de reglamentar el uso del tiempo de los partidos políticos en los medios de comunicación, en busca de la huidiza equidad, se han llevado al cabo asambleas, congresos y plenos en los principales institutos políticos, que pueden ser indicativos del camino que seguirán en las próximas elecciones así como en la, ya no tan remota, contienda presidencial.

Como hay quienes definen la democracia como el cumplimiento parejo de normas, se puede ver cuáles de estas organizaciones se acercan más al ideal democrático y cuáles se alejan.

En el PRI, se optó por la apertura partidista, al aprobar la postulación de ciudadanos que no sean sus militantes y para blindar la postulación de sus candidatos, al avanzar en sus facultades para investigar su pasado.

En el PAN fue la corrupción la principal preocupación de la dirigencia, lo que responde  probablemente a las denuncias sobre la exacerbada corrupción del ex gobernador  PANista de Sonora Guillermo Padrés Elías.

En el PRD, se dio cuenta de su proverbial cabildeo entre tribus, al aprobarse sin discusión la conformación, debidamente “planchada”, de su Comité Ejecutivo Nacional, conforme a la propuesta de su nuevo jefe Agustín Basave.

Santo súbito.- Fue sin embargo Morena quien dio la nota al haber elegido a AMLO como su presidente, no sólo porque nadie pudiera dudar de que, en esa su franquicia personal, el tabasqueño puede hacer y deshacer lo que se le pegue en gana, sin ajustarse a los mínimos requerimientos formales de cualquier organización, sino por la manera pre-democrática en que fue entronizado: por aclamación popular.

Sorprende doblemente porque fue el único candidato inscrito, es decir no tuvo contendiente.

Y es que en Morena se vienen reproduciendo formas que no tienen nada que ver con la democracia y que corresponden más a sistemas de control para impedir la participación de la gente y para maniatar el disenso, el debate y la discusión interna, como el culto a la personalidad, propio de los regímenes totalitarios de Europa y Asia, donde la figura del mandatario es reverenciada con sobredosis de fanatismo religioso.

Y son justamente estas formas antidemocráticas las que le han permitido a AMLO utilizar el tiempo completo de su partido para su promoción personal, lo mismo que para usar a discreción los recursos que le otorga el INE: costear por ejemplo su fallido periplo al Vaticano, donde quiso sacar raja política de la popularidad del pontífice, y, lo peor, para financiar actividades para violar descaradamente la Ley, como las brigadas en Tabasco para reconectar a los usuarios morosos de la CFE.

Pero son también estas prácticas las que lo van distanciando cada vez más del voto popular, lo que, conforme a los resultados que ha obtenido, lo ha convertido en el candidato de los rendimientos decrecientes.

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