15 de Diciembre de 2018

Opinión

La renuncia de Cárdenas

Es un asunto serio que debe servir para reflexionar no sólo al PRD, sino a los otros partidos políticos que, al igual que el PRD, enfrentan problemas graves de descomposición interna.

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El pasado 25 de noviembre Cuauhtémoc Cárdenas renunció a su militancia en el Partido de la Revolución Democrática. Quien fundara ese partido hace 25 años hoy se aleja de sus filas en un ejercicio de congruencia con sus principios y en desacuerdo con las decisiones de sus dirigentes, las cuales califica de  miopes, oportunistas y autocomplacientes. En su carta refiere también la ausencia de autocrítica y la pérdida de credibilidad ante la opinión pública.

La renuncia de Cárdenas es un asunto serio que debe servir para reflexionar no sólo al PRD, sino a los otros partidos políticos que, al igual que el PRD, enfrentan problemas graves de descomposición interna que desdibujan la identidad institucional que los sostiene, convirtiéndose en verdaderos campos de batalla de sus miembros por la búsqueda del poder por el poder mismo.

Parece que ya todo se vale con tal de conseguir un hueso, las prácticas internas cada día son más perversas, la autocomplacencia, la corrupción y la impunidad parece que llegaron para quedarse.

No debe extrañar la crisis de credibilidad que hoy enfrentan las organizaciones políticas. La falta de congruencia entre los valores que defienden y la realidad de sus actos provoca el rechazo automático de quienes alguna vez creyeron en ellos.

La pérdida de los valores institucionales, la desmedida ambición de poder, la corrupción de sus gobiernos y la complacencia o complicidad de sus dirigencias han provocado una crisis de credibilidad en los partidos políticos que puede poner en riesgo el sistema político mexicano.

Sirva esta renuncia como alerta para quienes tienen en sus manos la conducción de los partidos, tanto a nivel nacional como estatal. De no ser así, seguirán alejándose quienes lucharon verdaderamente por los ideales de un México mejor, dejando a sus instituciones en manos de oportunistas, pero, sobre todo, traicionando la confianza de millones de mexicanos que han creído en ellos.

El ingeniero Cárdenas ha sido muy claro, como en su momento lo fue Carlos Castillo Peraza al renunciar a sus 31 años de militancia en el PAN, el 28 de abril de 1998.

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