15 de Julio de 2018

Opinión

Réplicas de la infancia

Aún recuerdo con una enorme satisfacción el día que pude darle a un niño un juguete que deseaba, ver su rostro feliz...

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Aún recuerdo con una enorme satisfacción el día que pude darle a un niño un juguete que deseaba, ver su rostro feliz y lleno de esperanza, hacer la diferencia entre un día cotidiano de trabajo y uno que pueda ser especial. Precisamente en una reunión con representantes de diversas asociaciones sociales, me di cuenta que uno de los temas en el que se debe trabajar con el corazón y voluntad es la niñez.

Desde todos los ángulos que veamos, los niños de Cancún -por centrarme en este grupo vulnerable del municipio-necesitan que tanto la comunidad como las autoridades nos involucremos en prevenir abusos y mejorar sus condiciones de vida.

Sí alguna persona tiene dudas al respecto de cómo viven los infantes en la actualidad, basta con sólo visitar una región en la periferia a ciudad para darse cuenta que pasan mucho tiempo solos, abandonados a su suerte y a la buena de Dios, ya que los padres necesitan trabajar para llevar el sustento del hogar y sacarlos adelante, y eso si son familias responsables; algunos se tienen que enfrentar a ser madres o padres solteros y de esa forma continuar con la labor que es un compromiso para toda la vida. Y es entonces cuando me pregunto: ¿Qué estamos haciendo por la niñez en Benito Juárez?

Hay historias que se repiten. Desde que tengo uso de razón, mi padre me ha compartido que su niñez fue difícil, pues fue un pequeño que no tuvo la suerte de contar con un papá que viera por su estabilidad emocional y económica; ambas condiciones sólo son posibles  cuando los padres van de la mano conforme se crece. Él tenía que vender en los camiones dulces y gelatinas para poder hacer una comida al día,   que le diera la suficiente energía para trabajar y mantener un hogar a sus ocho años, cuando bien pudo estar recibiendo clases en la primaria.

Así como a mi padre le tocó esa manera que no eligió para vivir, pero que tuvo que hacerle frente, hay niños que hoy en día pasan exactamente las mismas circunstancias y algunos escenarios peores como lo es el de sufrir violencia y abusos sexuales, por habitar más en la calle que bajo los cuidados de una familia.

De acuerdo con los últimos datos del Coneval, entre 2008 y el 2010 la población en condiciones de pobreza pasó de 48.8 millones a 52 millones, cifra de los que 21.4 millones de niños y adolescentes viven con carencias, el 53.8 por ciento de la población menor a 18 años. Esto demuestra que hay una evidencia clara de que este sector es uno de los más vulnerables y tiene mayores riesgos para un sano desarrollo y acceso a una mejor calidad de vida.

Es momento de reconstruir y profesionalizar las asociaciones e instancias dedicadas a apoyar a los infantes. En su experiencia reciente, me quedó muy grabado un dato de la  Asociación Civil Huellas de Pan, que trabaja para ofrecer seguridad alimentaria, proporcionando comida nutritiva a las personas vulnerables en la zona urbana de Cancún, generando las oportunidades que contribuyan a que las personas se mantengan a sí mismas. Tiene como misión generar oportunidades de superación a las personas en situación de vulnerabilidad en el destino, con programas de nutrición, educación y convivencia, es decir, un desarrollo integral.

En su pequeña presentación, Huellas de Pan señaló que el 75 por ciento de los menores que asisten a la escuela lo hacen en ayunas. Esto sin duda es un porcentaje tremendamente preocupante, pues la alimentación es la base para que un niño pueda crecer mejor, tenga rendimiento académico, desarrolle su cuerpo y mente, y contribuye a que viva feliz. Por eso reconozco la labor de un sueño que se ha convertido en un espacio de programas de nutrición y ojalá sus esfuerzos se repliquen porque es impresionante el reto de pasar de ser una labor social al hogar de muchos niños.

Definitivamente estamos en un destino turístico que crece a pasos agigantados, y muchas organizaciones tienen que redoblar esfuerzos, día con día, para que la alimentación o la cobertura de las necesidades de los niños se pueda resolver.

En el caso de Huellas de Pan, se puede ayudar de forma económica o voluntaria. Basta con una aportación de 200 pesos para apoyar a un niño en su ciclo escolar o aportar tiempo para los quehaceres de esta asociación, por lo que siempre hay una manera de contribuir.

Según el reporte anual de la Unicef 2013, los infantes que habitan en comunidades indígenas son los que presentan mayores desventajas y una persistente inequidad. Resalta que la desnutrición crónica en la niñez aún permanece alta en el país: 13.6 por ciento de los niños menores de cinco años en el país en 2012, es decir, 1.5 millones la padecían. En las áreas rurales e indígenas del sureste del país, este porcentaje aumenta a 27.5 por ciento.

Sin duda los datos de organismos o trabajo de instituciones están más que claros.  Necesitamos reunir las investigaciones que nos aporten información del panorama actual de la infancia en Benito Juárez, para desarrollar ejes que cubran las necesidades reales de los niños y no las que crean que son reales para ellos. Sólo así, con un trabajo estadístico de hogar por hogar, con muestras, y la participación de observatorios sociales, se pueden identificar las carencias que viven y de esta forma generar talleres, brigadas, comedores, grupos enfocados en distinguir hacia dónde dirigir a la infancia, por cada región, pues las actividades de cada zona en el municipio también se van diversificando.

También propongo que las autoridades tengan como prioridad atender las problemáticas de los menores, con políticas públicas que no sólo duren una administración. Es necesario aplicar y darle seguimiento a un programa que funcione adecuadamente en beneficio de la comunidad infantil. Regularmente lo que ocurre es que hay buenas ideas y al crearse como un programa potencial, no se le da seguimiento por cuestiones económicas. Entonces, si hay políticas públicas fuertes y directas para atacar la prevención y problemáticas de los niños, podemos  fortalecer su desarrollo. Por ello, es necesario que el gasto público destinado a los programas de salud y nutrición estén mejor focalizados o dirigidos a la población a quienes deben de ser los beneficiados.

Muy pocos ciudadanos conocemos que existen programas sociales a nivel global vinculados con la nutrición infantil, y que en todos los Estados de la República Mexicana se pueden encontrar, tal es el caso de Desarrollo Humano Oportunidades, de la Secretaría de Desarrollo Social, con el cual se puede proveer de complementos alimenticios a las madres durante su etapa de embarazo y los primeros dos años de vida del menor.

También existe Liconsa, que coordina el programa de abasto social de leche, el cual entrega este vital alimento, fortificado con vitaminas y minerales, a un precio menor del que se puede encontrar en el mercado. Se puede adquirir en tiendas comunitarias y llegar a la población más vulnerable.

Por otro lado también está el programa de Desayunos Escolares, a cargo del DIF, que ha operado por más de 60 años en México y que actualmente cuenta en nuestra entidad con este proyecto social.

Bajo este escenario, me inquieta que los niños crezcan en ciudades más sanas.

Es importante involucrarnos como sociedad en el apoyo y réplica de esfuerzos sociales que beneficien a la infancia. No basta con decir que existen los problemas y que otros se hagan cargo, hay que tomar iniciativas, contribuir de acuerdo con nuestras posibilidades y exigir que se hagan mejores presupuestos destinados al futuro del país.

Necesitamos convertirnos en observadores sociales para la acción social. La alimentación permite que tengamos una población infantil más sana, con esperanza de vida y con propósitos; las preguntas reflexivas serían: ¿Usted qué hace por la niñez de Cancún? Y  ¿cuáles son las consecuencias de no atender hoy mismo lo que estamos dejando para el futuro?

Quizá en un momento no tan lejano, nos daremos cuenta que si hubiéramos empezado por fortalecer la infancia, hubiéramos fortalecido el espíritu de la humanidad. 

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