19 de Octubre de 2018

Opinión

Respeto a lo nuestro

Muchas veces las zonas arqueológicas sirven como mero escenario de actividades político-sociales.

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Aquí al lado, el economista y amigo Carlos Sobrino Sierra habla de la importancia  que toma Yucatán en los foros mundiales, no sólo económicos, sino culturales.  Y destaca el interés del gobernante chino Xi Jinpin por conocer la cultura maya y pedir que una de sus escalas sea en Chichén Itzá, donde habló, según las crónicas, de la afinidad de ambas civilizaciones milenarias.

Aunque suene pretencioso –lo cual de ningún modo es la intención- yo he tenido oportunidad de acercarme a la cultura maya, por medio de la lengua (que medio hablo), de sus sacerdotes (presentes y actuantes hoy día) y de sus edificaciones y, desde luego, de las personas que la conforman y la viven.

Por ello tengo que coincidir con el arqueólogo (y también amigo) José Guadalupe Huchim Herrera, un maya estudioso de lo suyo, cuando advierte que muchas veces las zonas arqueológicas sirven como mero escenario de actividades político-sociales y, sin el menor respeto, autoridades que sólo están para halagar a sus superiores realizan cambios y disponen de edificaciones que tienen encima la pátina de los años y fueron (y son) manifestaciones de la grandeza de quienes vivieron en estas tierras antes que vinieran los sojuzgadores de allende el mar.

Si alguien tiene autoridad para llamar la atención sobre estos abusos es el maestro Huchim Herrera, quien vive y ha vivido toda su vida en medio de los vestigios de esa civilización magnífica y de quienes son sus herederos hoy día.

Yo estoy seguro que si al presidente de México y a su visitante les hubieran advertido que lo que se pretendía hacer en Chichén para que estuvieran cómodos afectaba el entorno natural y edificado, hubieran declinado la atención porque me parecen personas sensibles y educadas. Sobre todo el mandatario chino, quien viene de un país que cuida las manifestaciones de su civilización y la grandeza de sus obras.

Soy solidario con el arqueólogo Huchim y sus afanes y, sobre todo, con mi sangre maya, timbre de orgullo.

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