17 de Enero de 2018

Opinión

Revolucionarios Necrofílicos

Según GGM, los egipcios embalsamaban a los faraones por la creencia de que, mientras se conservara el cuerpo, asimismo se conservaría el espíritu.

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Gabriel García Márquez tituló El destino de los embalsamados el texto que publicó en El País (15 de septiembre de 1982) acerca de sus visitas (1957 y 1979) al Mausoleo de Lenin.

En su primera incursión pudo ver también todavía, junto a la del líder de la revolución soviética, la momia de Stalin, cuyo cuerpo terminó siendo “sacado de su templo glorioso y mandado a dormir un sueño sin testigos…”.

Ante la de Lenin, el genio que antier cumplió 86 años escribió hace 30: “No era fácil soportar la idea de que la muchedumbre que desfilaba por el mausoleo le estaba rindiendo tributo a un héroe partido por la mitad, cuya parte inferior se había podrido y convertido en polvo en algún basurero distinto”.

Según GGM, los egipcios embalsamaban a los faraones por la creencia de que, mientras se conservara el cuerpo, asimismo se conservaría el espíritu.

Y remató sus reflexiones con la historia de la momia de un niño que sus padres quisieron conservar sentado en una sillita y vestido de marinero, pero que al paso de los años acabó “a merced de las polillas y el olvido en un ropero del dormitorio…”.

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