18 de Diciembre de 2017

Opinión

In memoriam: Luis Luna Guarneros

Él siempre tenía la amabilidad de recibirte y ayudarte con lo que estuviera en sus manos.

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A estas alturas el sensible fallecimiento… qué digo, el artero asesinato de Luis Fernando Luna Guarneros ha impactado a la sociedad yucateca en todos sus ámbitos. Ya sea por lo misterioso del crimen y todo el contexto que lo rodea, pero lo cierto es que esta lamentable pérdida ha contribuido a visibilizar la cloaca donde se tiran los desperdicios que afean el statu quo del doblemoralismo imperante.

La comunidad artística es la que ha resultado más golpeada por el hecho. Tal vez si hubiera sido otra persona, alguno de esos burócratas enguayaberados o algún saurio trepador, pero no, la realidad es que hemos perdido a uno de los pocos invaluables elementos que como funcionario trabajó a favor de la cultura incansablemente.

Esto me consta porque, como muchos, conocí a Luis y cultivé una amistad y una relación cordial con él, pues aunque la mayoría lo ubica como director musical, de coros y servidor público, lo cierto es que fue un promotor cultural y del arte en todas sus formas, labor que realizó por muchos años, con especial énfasis en grupos vulnerables como lo son los jóvenes, usualmente ninguneados por las esferas gubernamentales ignorantes y desinteresadas en todo lo relacionado con la formación de públicos.

Aunque no se tratara de un proyecto musical, Luis siempre tenía la amabilidad de recibirte y ayudarte con lo que estuviera en sus manos, nunca negando un consejo o invaluable asesoría en caso de no contar con el recurso para colaborar. No era extraño topárselo en algún evento alternativo donde ningún otro funcionario hubiera puesto un pie, ya que gustaba de estar al tanto del gusto de los jóvenes y de las actividades fuera de la institucionalidad.

No sólo promovió la música clásica, sino que también estuvo detrás de numerosas iniciativas y festivales de música contemporánea y jazz; incluso apoyó eventos multidisciplinarios con música electrónica, todo sin dejar de lado su presencia y respaldo moral, ya que estaba consciente de que no basta con soltar recurso económico.

Como maestro formador de varias generaciones de músicos, era y es muy apreciado. Lo demuestran tantos alumnos que están llorándolo en este momento. Como director orquestal y de coros, desde mi palco lo vi en varias producciones tanto sinfónicas como operísticas, siempre esbozando una sonrisa al compás de los tiempos.

Así es como quiero recordarlo: feliz y sonriente mientras alcanzaba a tocar la música de las esferas…

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