19 de Septiembre de 2018

Opinión

Se desmorona, desde las entrañas, el gigante

La eternamente alineada Rosario Ortiz Yeladaqui está por guardar en el cajón de los recuerdos su larga trayectoria priísta...

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El Partido Revolucionario Institucional en Quintana Roo efectivamente concluye el año “partido”, fragmentado. Termina siendo “revolucionario” a partir de la estrategia adoptada por su dirigencia estatal, que sistemáticamente desanduvo el escabroso camino como comparsa presidencial en la aprobación de mayor carga fiscal a entidades fronterizas, incremento a las gasolinas y la reforma energética en general, mientras que lo “institucional” ya ha sido tasado por ahora ex militantes de la talla de Eduardo Ovando Martínez, cuyo peso específico quedó probado a partir de las redes multiplicadoras del voto que integró para contender en 2005, año negro para el estado con la final postulación y triunfo de Félix Arturo González Canto.

Ahora, la eternamente alineada Rosario Ortiz Yeladaqui está por guardar en el cajón de los recuerdos su larga trayectoria priísta, quizás no tan brillante como disciplinada, para integrarse a las filas del Partido Verde Ecologista de México que, a últimas fechas, ha ido superando el estatus de “partido satélite” del tricolor.
Si la estrategia inicial fue la supervivencia, hoy el Verde apuesta a ganar lo suyo por cuenta propia.

Las señales de que el Verde Ecologista pudiera lanzarse solo en las próximas elecciones son cada vez más claras aquí en el estado, con presidencias municipales criticadas en principio, pero que día a día van cobrando fuerza a partir de la atención inmediata a problemas que históricamente han lastimado a la población.

En Puerto Morelos, Laura Fernández Piña está librando un importante round con la concesionaria del sistema de abastecimiento y tratamiento de aguas residuales, Aguakan, para obtener por la vía legal la atención de un organismo operador distinto de esta empresa que, en atención a los reclamos de los usuarios, no ha dado el ancho en calidad ni en la prestación del servicio. Y aunque haya negociaciones millonarias, se trata de una apuesta a ganar: gana el pueblo, gana el partido gobernante y hasta la edil también. En Benito Juárez, el joven Remberto Estrada Barba va dejando atrás la pupa de “junior” y se muestra sólido en los pasos que va dando, en una ciudad siempre bajo la lupa de la opinión nacional e internacional. Al menos está abocado a la toma de decisiones como presidente y no insiste en vestirse de brigadista, obrero o jornalista según el pronóstico del clima, como sucede en Othón P. Blanco, “gobernado” por Luis Torres Llanes, de extraña procedencia partidista. 

Pero esta lectura se hace fuerte cuando, además de los políticos activos del Revolucionario Institucional, empresarios que durante décadas fueron soporte, y también beneficiarios de la organización política, como es el caso de la familia Mercader Rodríguez, igualmente comentan en reuniones del sector que seguramente respaldarán a otro partido político, dadas las incongruencias mostradas por el PRI en el contexto nacional, sumado a lo acontecido a nivel local, con lo que el partido político otrora hegemónico, estaría descascarándose gracias a esa nueva generación de políticos imberbes, arrogantes y, lo peor, bandidos y voraces.

El futuro del Partido Revolucionario Institucional en Quintana Roo, pese a lo que promueven personajes conocidos y estimados por la comunidad –de los cuales quedan pocos– como Salvador Rocha Vargas, cuya consigna como líder tricolor en Cozumel es difuminar la grotesca imagen que los gobernantes salidos de la isla generaron entre los quintanarroenses, es nebuloso, incierto, sin elementos de peso para lograr la reincorporación de sus estructuras. Las lideresas de colonias están también hasta el tope de ser utilizadas en cada temporada electoral, para luego hacerlas a un lado, junto con su gente.

Así que no nos sorprenda un Verde Ecologista retador, con bases sólidas, o congruentes, al menos, frente a un gigante que se desploma miembro por miembro.

Por ahí leí que Guillermo Miranda, durante lustros vocero de las huestes priístas en el Congreso del Estado y el Comité Directivo Estatal, terminó por dejar al partido de sus amores. Por supuesto… se cansó de esperar su diputación. 

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