18 de Diciembre de 2017

Opinión

Se fue Polo

Terminó una época histórica en el comercio meridano: Almacenes Polo pasó a ocupar un sitio en el pasado de Mérida.

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Ya se consumó Custodio. Terminó una época histórica en el comercio meridano: Almacenes Polo pasó a ocupar un sitio en el pasado de Mérida. Así, con la tristeza reflejada en el rostro, el viejo cascarrabias me recibió sentado en una mesa del rincón en el café Monchos (o lo que queda de él) en el Bazar García Rejón.

Venía del Siglo XXI, donde fue a la Expo Adulto Mayor, porque se enteró que estaban realizando pruebas que para un anciano son muy importantes, entre ellas la del antígeno prostático (qué cosas, me dijo, antes tenías que someterte al tacto rectal que a muchos les daba vergüenza) y que no costaron un centavo (su precio “de mercado” es de cerca de mil pesos, según pudo averiguar).

Lamentó no haberse quedado más tiempo, ya que, aparte todos los servicios que se pusieron al alcance de adultos y adultas mayores, tocaría la Banda del Recuerdo, tremenda orquesta que patrocina la Secretaría de Seguridad Pública y que al viejo le gusta mucho.

Pero no para contarte eso te pedí que vinieras, añadió, sino porque ayer que pasé por la 62 vi que estaba cerrado el almacén de don Leopoldo Cortés González y que una manta amarilla anunciaba: “Remate total”. Ya me habían dicho que Polo había decidido poner fin a un negocio que le ocupó 60 años de su vida, pero francamente me resistía a admitirlo. Y como sé que tú le tienes mucho aprecio, me permití llamarte y decírtelo personalmente.

Me niego a admitir que termine así, sin ninguna reacción social u oficial, un negocio que fue emblemático de una época en la que todo ocurría en el centro, desde las grandes transacciones comerciales hasta la compra de botones e hilos, siguió el artrítico gruñón (que olía a linimento y tenía un vendaje en la reumática rodilla izquierda).

Te has de acordar, continuó su triste lamentación, que con Polo se vestía la alta sociedad de hace 50 años. Si querías un esmoquin, él te lo hacía. Y su negocio traía los mejores casimires nacionales e importados; también fue el distribuidor de marcas reconocidas de pantalones y camisas. Todo eso está ya enterrado por la vorágine de las corporaciones que nos han invadido.

Pero, además, Polo trabajó en beneficio de la sociedad. Como directivo de la Cámara de Comercio fue promotor de la construcción del primer cuartel que tuvieron los bomberos meridanos y gracias a sus gestiones se trajo, donado por Glendora, un entonces moderno carrobomba. 

Eso, aparte de que fue promotor de la charrería en Yucatán -él mismo fue destacado charro y compadre de otro reconocido charro y torero, Mariano Ramos (q.e.p.d.)- y es autor, junto con otros aficionados, del reglamento en vigor de la fiesta de los toros en el municipio.

Creo que merece aunque sea un aplauso y reconocimiento público a su labor como comerciante y como activista social. No se puede ir por la puerta del olvido… ¿o sí?

¡Ay viejo!, le dije. Ya me amargaste el café. Y musitamos ambos: Sic transit gloria mundi…

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