12 de Diciembre de 2017

Opinión

La seguridad empieza en casa

El accidente de una empleada del hospital, una caída que le provocó una fractura, incomodó a una directiva superior, quien condicionó la firma del documento oficial después que terminara su trabajo pendiente. ¡Hágame usted el favor!

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Aún no salgo de mi asombro: empezando esta semana se me acerca una doliente, servidor público de institución federal de salud, y entre sollozos me comenta sobre reciente evento desarrollado en lo que se conoce como Hospital de Alta Especialidad en los ex terrenos del Fénix de la Colonia Industrial.

Transcurrían cerca de  las 8:30 de la mañana cuando, de forma presta, nuestra compañera caminaba por tortuoso e irregular pasillo, que obligadamente tiene que recorrer todos los días para llegar a su espacio laboral.  De forma súbita,  un “hoyanco” dentro de las instalaciones interrumpió su transitar. El lastimoso accidente le causó fractura desplazada del codo.

En cualquier lugar de México, califica como accidente de trabajo, según el Art. 42 de la Ley del Seguro Social y 474 de la del Trabajo.  Aunque usted no lo crea, tal situación  incomodó a una directiva superior, quien condicionó la firma del documento oficial para continuar su atención a que, antes que nada, terminara su trabajo pendiente. ¡Hágame usted el favor!

Qué tiempos señor don Simón: farol en la calle y oscuridad en casa. Si esta funcionaria así trata a sus subalternos, cómo tratará a los derechohabientes. Para finalizar este desagradable pasaje, la atención a la paciente fue brindada, como se merece cualquier doliente, en el hospital adjunto, la T-1 Mérida.

Este impensable peregrinar de una trabajadora con fractura nos lleva a destacar el hecho que, como mácula,  ensombrece el desempeño de tanta gente  que de sol a sol se esfuerza y saca la casta con tal de mantener viva la esperanza de un enfermo que se aferra a la vida, confiado en los profesionales. Estos expertos, en su mayoría con tenaz dedicación, arrancan de manos de la muerte al quebrantado.

Lo anterior también, cual hilo conductor, me lleva a destacar que, más allá de “pomposas presunciones”, hay personas de mandos superiores que olvidan que lo valioso de una empresa es su gente, por lo cual lo mínimo que debemos brindarles es seguridad integral, y esto incluye instalaciones decorosas e impecables, hasta “las que no aparecen en la foto”, pero que son las que utilizan todos los días sus empleados.

Afortunadamente  -y lo digo convencido-, la mayoría de los servidores públicos del sector salud se preparan y esfuerzan por alcanzar la excelencia con los recursos brindados. Esperemos que no tengamos que escuchar o ser testigos  nuevamente del desatino por ignorancia o insensibilidad de los “muy contados”. (Continuará)

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