22 de Septiembre de 2018

Opinión

Si Fidel Velázquez viviera...

El distinguido y emblemático líder de la tres veces heroica CTM, no estaría muy contento en estos días en los que no hay respeto por las instituciones sindicales de rancio abolengo.

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Si Fidel Velázquez viviera, con los charros sindicales estuviera. Bueno, hasta cierto punto porque el colmilludo líder de la CTM era un maestro en el arte del engaño y, en cuanto viera las barbas de La Maestra cortar, de inmediato se habría movido para no salir en la foto del reclusorio.

Claro, el distinguido y emblemático líder de la tres veces heroica CTM, no estaría muy contento en estos días en los que no hay respeto por las instituciones sindicales de rancio abolengo. Podría entender que si el sistema requiere de un sacrificio importante hay que darlo, pero jamás aprobaría que entre los propios priistas históricos, de esos que se formaron a la sombra de grandes filósofos de la vida y el amor como don Plutarco, Echeverría, Salinas y Gonzalo N. Santos, se hagan daño como si fueran de las porras de las Águilas que se atacan de manera fratricida.

Por supuesto, a don Fidel, qué tiene Fidel que los comunistas no pudieron con él, no habría hecho leña de la Elba caída. Y mucho menos el distinguido personaje habría asistido a la rapiña y saqueo del poder sindical que, de inmediato aplicaron en el SNTE, donde en un acto democrático que no solicitó el voto de las fuerzas vivas ni del magisterio sin cabeza, eligieron como líder a un grisáceo Juan Díaz, otrora secretario general que seguramente se viste en el Walmart y no el Neiman Marcus.

Si Fidel Velázquez viviera, con Ratzinger estuviera. No solo por un espíritu religioso aunque lo suyo era el laicismo guadalupano, el viejo maestro se rendiría ante el fantástico juego de ajedrez político que el Papa honorario le aplicó a los grillos del Vaticano encabezados por Angelo Sodano que es como el Córdoba Montoya de los ensotanados. El Maximato que fue tejiendo don Joseph en la Santa Sede va a hacer ver al de Calles como una tarde soleada en Santa Marta Acatitla. 

Aunque don Fidel nunca aspiró a la Presidencia porque seis años en el poder se le hacía muy poca cosa, de güey cometía el pecado supremo de ir en contra de la reforma educativa. 

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