18 de Diciembre de 2018

Opinión

Si muere ya, fue una muy buena cosa

El Pacto nació destinado a una vida breve.

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Como tal, creo que el Pacto por México murió ayer. Es probable que los presidentes del PAN y el PRD convenzan a los críticos de sus partidos y veamos todavía algunas fotos con esa marca y logotipo. Seguramente vendrán nuevos acuerdos con el gobierno del presidente Peña Nieto, pero el Pacto era, ante todo, confianza en la palabra del adversario. Creo que ese espíritu se perdió con el pobrezagate.

Si fuera el caso, no tendría por qué ser una mala noticia. El Pacto nació destinado a una vida breve. Pudo haberse extendido a las reformas del otoño próximo, pero cinco meses de diálogo y acuerdo no son poca cosa.

El Pacto cumplió un gran objetivo de distensión, baste recordar la intemperie poselectoral. Permitió un contagioso tránsito del encono al acuerdo. Fue el cimiento para construir algo donde no se construía nada.

De repente, para sorpresa de muchos, PAN, PRD y gobierno comenzaron a tratarse con un lenguaje moderado y de conciliación. Y juntos marcaron una nada desdeñable coincidencia: la urgencia de justicia social en un marco de prosperidad económica, libertades, honor y dignidad para los mexicanos.

Vertiginoso, se movió siempre con sentido de realidad. Quedan ahí el calendario y los puntos de una agenda lógica, con visión de futuro, de Estado. Quedan las reformas aprobadas por mayorías amplias.

Para quienes señalamos por años a una generación que fracasó sistemáticamente en el acuerdo, el Pacto por México tendría que registrarse como un momento de virtud conciliadora y emprendedora.

De naturaleza efímera, fue una muy buena cosa.

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