21 de Septiembre de 2018

Opinión

Si, ya sabemos que son unos roedores

La primera temporada de mandos no priistas en Palacio de Gobierno y en el municipio capitalino de Othón P. Blanco generó expectativas muy ambiciosas...

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La primera temporada de mandos no priistas en Palacio de Gobierno y en el municipio capitalino de Othón P. Blanco generó expectativas muy ambiciosas. No era para menos, ya que han fluido filtraciones y acusaciones públicas que confirman daños patrimoniales y todo tipo de actos de pillaje, restregados con exceso en todos los medios de comunicación.

Un sector de la tropa loca se frota las manos con apetito desbordante ante el sanguinario festín anunciado en cartelera, ya que como en la feria del pueblo tienen una gama de opciones para el disfrute: los terrenos obsequiados a familiares e incondicionales, Aguakán, un atlas de riesgo tan costoso como el Atlas de primera división, la deuda cósmica injustificable, transas de administradores perversos con botargas de canguro, obras deficientes e inconclusas con sus diezmos religiosamente aportados por constructores cómplices, Vip Saesa con sus vuelos “al infinito y más allá”.

Pero el fervor por el castigo a los malosos va a un ritmo acelerado, mientras el engranaje de las instituciones va en cámara lenta o es una imagen congelada en la pantalla tricolor. En este escenario, un grupo sediento de ajuste de cuentas no se cansa de verter en las redes sociales todo tipo de materiales que son dinamita, demostrando que estos diablillos fueron unos gandallas, como si ello fuese necesario a estas alturas.

La transa de las últimas horas circula veloz, difundida por los indignados que no pueden creer tanta maldad de estos priistas desterrados por la furia de los electores que aguardan las primeras acciones fulminantes, más allá del bla bla y de las conferencias de prensa en la Ciudad de México y el acopio de nuevos materiales que confirman la maldad genética de estos seres abominables.

Todos los expedientes tienen que estar en manos de los nuevos funcionarios, tanto estatales como municipales. En Othón P. Blanco (Chetumal) el presidente municipal Luis Torres Llanes y su equipo han tenido la oportunidad de revisar todos los roperos que ocupó su antecesor priista Eduardo Espinosa Abuxapqui ¿Y qué sigue?

Quizá la justicia tenga sus ritmos, pero los hambrientos de escarmiento en algún momento se cansarán de compartir materiales sobre las andanzas de estos priistas que tanto disfrutan su millonario exilio.

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