18 de Septiembre de 2018

Opinión

Siete minutos para Yanni en Izamal

Ante la falla en el concierto, fueron siete minutos amenos para el público e inolvidables para el compositor que se sentó en flor de loto para contemplar las muestras de cariño que lo conmovieron.

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Los minutos de silencio pueden ser prolongados o rápidos según la situación, implican memorias, momentos incómodos, en fin la ausencia de sonido puede tener diferentes significados. En Izamal, durante el concierto de Yanni, significó una muestra de lealtad de su público.

Cuando falla el sistema de sonido en un concierto, comienzan los chiflidos, las quejas, la desesperación porque se restablezca la música, pero durante la presentación del pianista griego sucedió lo contrario: la gente comenzó a aplaudir, los de primera fila le decían al artista que se calmara, que no pasaba nada; le cantaron “Cielito Lindo”, le dieron regalos, echaron porras  y organizaron en segundos “oleajes humanos” de extremo a extremo, de adelante hacia atrás y viceversa, todo para llenar el vacío y que Yanni no se fuera del escenario.

Al mismo tiempo el equipo técnico tras bambalinas corría de un lado para otro, buscando la solución.

Fueron siete minutos, largos para los organizadores, amenos para el público e inolvidables para el compositor que se sentó en flor de loto para contemplar las muestras de cariño que lo conmovieron. 

El sonido se restableció, Yanni dijo que así es la vida de sorpresiva, agradeció el “concierto” que le regaló su público e interpretó junto con su banda tres piezas más que no se encontraban en el programa. 

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