23 de Septiembre de 2018

Opinión

Solidaridad, palabra subempleada

El origen remoto de solidaridad es el de una palabra indoeuropea: sol, que significa entero y está en la raíz de términos como sólido.

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Solidaridad es una palabra que está hoy de moda. “Los mexicanos somos solidarios con el hermano en desgracia”. Especialmente en Yucatán: “Los yucatecos sabemos ser agradecidos con quienes nos socorrieron cuando sufrimos la furia de Gilberto e Isidoro”. Y quienes así se expresan tienen razón. Hay en nuestra alma colectiva una especie de sentimiento casi físico de conmiseración que nos impulsa a donar para auxiliar a los que, en un genérico que abarca muchas expresiones, son damnificados.

Donar se vuelve una exigencia sociológica. Tenemos que llevar nuestra aportación a los centros de acopio, si no, nosotros mismos nos reprochamos: Debí haber ido, si todos ya fueron. Y esta demanda humana es sana y santa. Lejos de mí está denostarla, pero es una forma efímera de ser solidarios. Para tratar de explicarme, voy a desentrañar para usted la palabra solidaridad.

Su origen remoto es una palabra indoeuropera: sol, que significa entero y está en la raíz de términos como sólido y soldado (de solidus: una moneda de oro con la cual los mílites, que así se llamaban los integrantes de los ejércitos romanos, exigían su paga, su sueldo, ya que el denarium de plata se había devaluado; también está en el fondo genético de salud, salve, salvar, salvador, saludar (desear salud). Solidaridad, si nos atenemos a los diccionarios, es entera comunidad de intereses y responsabilidades, cohesión entre los miembros de una sociedad basada en la comunidad de intereses e ideales, sentimiento compartido por una comunidad de individuos… y así por el estilo.

Solidaridad es algo más que un sentimiento pasajero, ya desde su  origen. Su sustento es sólido, conlleva sentido de pertenencia, voluntad e intereses comunes; es respirar a un mismo ritmo, acompasar los latidos del alma con los de los demás. Y eso no es de un día, no es de correr a llevar una bolsa de frijol o un kilo de azúcar y callar así la conciencia. Un saludo solidario con mi sólido afecto.

 

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