23 de Octubre de 2018

Opinión

Sólo fueron dos segundos

Confío en que no me haya leído los labios, cuando le amé y se lo confesé, de manera casi inaudible.

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Intenté decir algo coherente, pero después de un lapso de silencio, después de ese breve beso, mis labios se entreabrieron y las palabras fluyeron de mí en un susurro, como si se quisieran ir con él para siempre, regalándose solas, ofreciéndose solas, escapándose.

Fue un segundo el tiempo que duré en regresar a mí, ajena a mí, tan certera y tan errada al mismo tiempo. Fueron dos segundos lo que duró ese beso y tres el tiempo en que me contempló, divertido, confundido, mezclando ternura y compasión en aquella mirada.

Confío en que no me haya leído los labios, cuando le amé y se lo confesé, de manera casi inaudible, de manera repentina, con la ingenuidad e inocencia enredadas en la lengua, con la conciencia traicionándome, con el corazón revelándose; conmigo enamorada y con él de frente. Y lo haría una vez más, lloraría una vez más, moriría un millón de veces más, frente a él, para él.

Con un hilo de voz, invisible, imaginario, le hablé de amor, en ese preciso momento, en ese breve instante, justo después de aquel beso, de ese beso en el que le amé, en el que lo adoré, como nunca jamás había amado, como nunca, nunca jamás.M

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