11 de Diciembre de 2017

Opinión

Soy de mi Zacazonapan, donde crecí

“Leer no sirve realmente para nada”, afirman los cultos autores que escriben más textos de los que leen

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La Encuesta Nacional de Lectura ya no desata tantos desgarramientos de cintura como el cerco a San Lázaro o las revelaciones de La Barbie, que acusa a García Luna hasta por la toma de Zacatecas.

Quizá porque concluye que solo 46.6 por ciento de los mexicanos se echa un chapuzón en algún libro, 10% menos que hace seis años, algo que por alguna extraña razón no subrayó Felipe Calderón en su mensaje de despedida en cadena nacional, que fue algo así como una infranqueable y jocosa valla televisiva.

O sea que al fin nos acostumbramos a saber que las mayorías solo leen El Libro Vaquero y el Tv Notas, tal vez debido a que los propios intelectuales orgánicos le han quitado dramatismo a las cifras, alegando que leer es cuando mucho un placer para
extrañas criaturas solitarias, que no contribuye a trepar en el escalafón de la cadena alimenticia. 

“Leer no sirve realmente para nada”, afirman los cultos autores que escriben más textos de los que leen, confirmando así los prejuicios de las masas.

Lo mejor es que las campañas a favor de la lectura son encabezadas por figuras que, debido a la naturaleza disipada de sus vidas bien reseñadas en el Tv y Novelas, no son precisamente adictos a las bibliotecas.

Conceptos que han sido reforzados por el episodio de Peña en la FIL de Guadalajara, donde, hace un año, exhibió su muy comprensible desapego a la cultura libresca.

Digo, para mantener diálogos en confianza con Montiel, tampoco es que hiciera falta una inmersión en las obras completas de la Escuela de Frankfurt.

Lo bueno es que la comentocracia orgánica explicara aquel espectáculo peñanietista con un rocambolesco argumento donde el conocimiento bibliográfico está sobrevalorado. Tanto o más que las amenazas de Mr. Bean Cordero al PRI y los melodramas de los Chuchos.

Como sea, lo vital es que nuestros políticos al menos sepan leer las revelaciones de La Barbie para checar que no los haya nombrado y, en su caso, deslindarse. Eso y comprender aquello de “No corro, no grito, no empujo, no pongo vallas en San Lázaro”.


Pero lo que importa es saber que Jelipillo ya encontró chamba en Harvard (¿…tolo, Naucalpan?) y que la gran duda existencial del momento es si el Dorian Gel acudirá a Toluca el partido Xolos vs. Diablos, Hank Rohn vs. Atlacomulco, bajo el beatífico espíritu del profe Hank.

Si va a la Bombonera el ya ungido, el cerco comenzará en Amecameca y terminará en Zacazonapan. 

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