24 de Mayo de 2018

Opinión

Soy un Kalán tortuga

Mi afición personal a la defensa del planeta en que vivimos, o lo que puedo hacer desde mi trinchera para no dañarlo...

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Mi afición personal a la defensa del planeta en que vivimos, o lo que puedo hacer desde mi trinchera para no dañarlo, me ha llevado a colaborar en algunos de los muchos proyectos que la sanadora Quintana Roo tiene entre sus habitantes.

Desde tomar una bolsa para recorrer algún kilómetro de playa en la búsqueda de basura, hasta la coordinación de alguna campaña en redes sociales sobre cómo cuidar el medio ambiente, pero la más importante es la contribución que hago todos los días al no tirar desperdicios de ningún tipo a la calle o cuidar una planta porque quiero un mundo mejor.

Sin embargo, debo confesar que estoy enamorada de las tortugas, esos seres en peligro de extinción desde hace bastantes años que requieren de mucha ayuda para recuperar su espacio en la vida, necesitan del tiempo y dinero que las personas dediquen a su cuidado.

Incluso por esa razón mi llavero personal (porque tengo uno laboral) tiene una figura de quelonio que me encanta y seguramente es también motivo para unirme a la labor de la fundación Flora, Fauna y Cultura de México por salvar los nidos.

De hecho siempre recuerdo el día que el deportista austriaco Felix Baumgartner se ganó un lugar en la historia al convertirse en el primer ser humano en romper la velocidad del sonido en caída libre, pues yo estaba en la playa leyendo los cientos de mensajes en redes sociales al respecto cuando una cantidad de aves alteró el paisaje.

Resulto que de la arena salían a toda velocidad unas pequeñísimas tortugas que buscaban su destino. Olvidé el salto y los mensajes. El teléfono y el mar. Me embrujo ver el trabajo que los encargados de los nidos realizaban, fascinada con la prisa de las recién nacidas por encontrar su camino y el compromiso de quienes en un momento fueron responsables de colocarlas a salvo.

Es decir, la naturaleza es lo mío. Es lo que me permite darme cuenta de la grandeza del planeta. Afortunadamente hay muchas empresas de la iniciativa privada y también fundaciones dedicadas a cuidar que estos reptiles recuperen su lugar en el mundo.

En su página de internet, Flora, Fauna y Cultura de México relata que en esta entidad los trabajos comenzaron hace 26 años en el Centro de Investigaciones de Quintana Roo, luego en el Colegio de la Frontera Sur, hasta que fue rescatado por el parque Xcaret, que en 2002 les entregó el programa a sus campamentos tortugueros.

Más de una vez he tenido la oportunidad de encontrarme con algunas tortugas en el arduo trabajo que representa para ellas llegar a la zona de los arenales,  donde su instinto les indica que deben cavar, y contemplar todo el tiempo que les lleva hacer el hueco indicado para colocar sus huevos.

Las playas mexicanas son sitio favorito de la tortuga blanca y caguama para depositar sus futuras crías que necesitan protección, y de eso se llama esta campaña anunciada el viernes pasado donde se trata de adoptar un nido de quelonio y ayudar en su conservación. La ventaja además es que es gratis pero hay que acudir a la dirección www.salvatunido.com y registrar tu dirección de correo electrónico para sumarte a la causa de convertirte en su guardián, en lo que ellos llaman Kalán tortuga. ¡Qué Dios las bendiga!

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