21 de Septiembre de 2018

Opinión

Sueños de opio

¿Qué pasaría si un día si los dizque maestros de la CNTE dejan de asesinar inocentes con sus bloqueos o la autoridad les pone un alto?

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¿Qué pasaría si un día gobernantes y gobernados respetamos las leyes, no cometemos delitos, no torturamos, ni recibimos “comisiones” para facilitar trámites u otorgar obras públicas, si los dizque maestros de la CNTE dejan de asesinar inocentes con sus bloqueos  o la autoridad les pone un alto?

Con estas y otras preguntas me desperté la otra mañana, viendo y leyendo cómo, una y otra vez, el Gobierno de la República –como le dicen- combate ferozmente a indefensos mexicanos –los acosados causantes, los pobres vendedores que con lujo de fuerza son retirados de las calles por barbajanes de uniforme, los que caen en manos de policías desalmados que los torturan, los gasolinazos,  los… en fin, los mexicanos de a pie-, mientras a criminales como los de la CNTE les abren sus palacios, se sientan con ellos a “dialogar”, aunque de antemano se sabe que no van a ceder nunca porque “si dejamos de movilizarnos muere la organización”, según confesó uno de sus líderes. 

Los patrones de esos grupos violentos –Morena incluido- lo gritan: su esencia es ser contestatarios, no dialogantes. Pueden hablar, pero con sus condiciones  y sólo para ganar tiempo, demostrar su fuerza y arrodillar al de enfrente. Si ceden un ápice es por mera estrategia. Para ellos el problema es su razón de ser. Entonces, hay que actuar como lo hace  un médico ante un cáncer. A la autoridad no se le eligió en un concurso de popularidad o belleza, sino en una votación que arropaba millones de esperanzas. Mientras su mira sea ganar elecciones, los ciudadanos estaremos  jodidos. 

Y ellos seguirán recibiendo millonadas bajo el agua, como denuncia el senador Daniel Avila que ocurre con sus correligionarios panistas Raúl Paz, Beatriz Zavala, Sergio Chan y Joaquín Díaz porque no se sienten obligados a cuidar los intereses de los ciudadanos, sino los suyos. Conste que no lo digo yo, sino un compañero de partido de los denunciados.

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