19 de Octubre de 2018

Opinión

Suicidio juvenil y materialismo

La cultura japonesa ve el suicidio como una salida moralmente aceptable e incluso honorable ante la deshonra...

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En Japón durante el año 2014 la primera causa de muerte entre los jóvenes de 10 a 19 años fue el suicidio, por primera vez para las personas entre estas edades la principal causa de muerte no fue un accidente o enfermedad; los datos también evidencian que el 1 de septiembre es el día con la mayor cantidad de suicidios entre esta población, la fecha es por demás significativa, ya que señala el inicio del curso escolar, el inicio de un nuevo semestre marcado por el suicidio de jóvenes que no logran tolerar la presión y la angustia que les significa regresar a la escuela.

La cultura japonesa ve el suicidio como una salida moralmente aceptable e incluso honorable ante la deshonra; la tasa de suicidios entre ellos es una de las más altas del mundo y los hombres lo practican con mayor frecuencia. A pesar de este ambiente relativamente tolerante a esta práctica, la sociedad japonesa ve con preocupación el constante incremento del suicidio entre sus jóvenes y las autoridades han puesto en marcha diversos programas de prevención; los niños y jóvenes no soportan un ambiente escolar de despiadada presión y en el que se compite salvajemente contra todos para acceder a mejores posibilidades de educación.

Uno de estos muchachos aseguraba que sentía su uniforme tan pesado como una armadura, la angustia era tan grande que pensó en matarse, aseguró que “eso hubiera sido más fácil”, y continuó diciendo que probablemente hubiera elegido el primero de septiembre para suicidarse porque no soportaba la idea de tener que iniciar el semestre. Los maestros y autoridades educativas conocen bien este fenómeno, tanto que incluso una biblioteca envió un mensaje a través de las redes sociales en el que insinuaba que los estudiantes podían faltar a clase diciendo: “Piensa en nosotros como un refugio si estás pensando en elegir la muerte”.

La sociedad moderna de Japón altamente competitiva, en la que tienes que ganarle a todos incluso a tus amigos más cercanos, está generando tensiones insoportables entre sus niños y jóvenes; la brutalidad de la competencia genera un ambiente despiadado en el que el abuso entre condiscípulos es el pan de todos los días, cerca de un 90% de los jóvenes han sido tanto víctimas, como victimarios; el abusado de hoy se convierte en el abusador de mañana. En las aulas del país hay una guerra por destacar y tener la posibilidad de un futuro mejor, para ello hay que aplastar a cualquiera que pueda ser una amenaza para tu futuro.

Nuestra muy materialista sociedad globalizada va empujando cada día más a las nuevas generaciones a una guerra por sobrevivir en ella, a un enfrentamiento entre todos para poder asegurarse los mejores trabajos e ingresos, convencidos de que el camino hacia la felicidad es trabajar para acumular, el frenesí de poseer cada vez más y mayores satisfactores materiales nos lleva al espejismo de creer que el nivel de vida está sólo determinado por lo que poseemos, con nuestros actos y nuestra vida vamos convenciendo a las nuevas generaciones de que poseer más es ser más, así acabamos pervirtiendo la esencia de lo humano, la esencia de la felicidad.

Y en esta carrera maldita por dominar al otro, por destacar, acumular y poseer, la juventud de este planeta observa su vida convertirse en una danza de miseria, haciéndolos caer en la podredumbre de una vida egoísta, sin un céntimo de piedad hacia el otro, identificando como enemigo a todo ser humano que tenga frente a sí; les robamos el sentido de la solidaridad, acabamos con la belleza de la vida en comunidad, negamos la naturaleza social del hombre y lo transformamos en un lobo solitario sanguinario y despiadado, que sólo existe porque ya no vive, para satisfacer sus deseos y necesidades a costa de quien sea y de lo que sea. Así recuerdo a un joven médico exclamar: “Primero yo, después yo y de último yo”.

¿Qué es lo que les hacemos creer a los jóvenes de hoy que es la vida? Es momento de que con nuestra vida enseñemos a estos muchachos que ser no es tener, que la armonía con los otros es la mejor forma de vida posible, que hay lugar para la solidaridad, la comprensión y la armonía entre los seres humanos, que la felicidad no la encontrarán en ese afán insano de acumular. ¡Es urgente! ¡Miles de muchachos están acabando con sus vidas antes de atreverse a aceptar ese vómito asqueroso que les queremos hacer creer que es la vida! ¡Descubramos ante sus miradas juveniles que hay vida más allá de poseer y dominar!

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