24 de Septiembre de 2018

Opinión

Tal para cual

El tal Alfredo Castillo dice que ya puso su renuncia sobre la mesa por los resultados olímpicos, no pasará mucho tiempo en que le den otro 'hueso'.

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Para culminar una pequeña serie de comentarios sobre los recién terminados Juegos Olímpicos de Río 2016 –vulgus Olimpiadas, término más popular-, sólo faltaba la intervención del secretario de Educación Pública (SEP), Aurelio Nuño Mayer, quien a pesar de atravesar las de Caín con los “flojesores” de la CNTE y sus marchas y bloqueos, los cuales, de manera criminal, se niegan a dar clases en Oaxaca, Guerrero, Chiapas y Michoacán hasta que el Gobierno Federal no eche atrás la famosa Reforma Educativa, hora se aventó la puntada de opinar sobre el desempeño de Alfredo Castillo Cervantes, director de la Conade, uno de los tantos fracasados en la delegación nacional que paseó por Brasil durante 16 días.

¿Y por qué opina el mentado Nuño acerca de Castillo, el famoso ex comisionado para la paz y seguridad en Michoacán, donde no apaciguó nada, sólo metió al bote a dos que tres líderes de autodefensas y después huyó –o lo “juyeron” sus padrinos gubernamentales- como lo haría cualquiera que tira la piedra y esconde la mano?

Sencillo. Pues porque la Conade depende del organigrama de la Secretaría de Educación Pública y esta dependencia que concentra a millones de maestros, incluyendo a los de la CNTE que cobran de los impuestos que generan otros tantos millones de ciudadanos -cuyos hijos están en manos de los mentadísimos “flojesores”-, tiene como titular al singular personaje de Aurelio Nuño, con más fachita de niño salido de escuelas particulares carísimas que de simple padre asalariado haciendo fila para recibir útiles escolares.

Así de fácil. El asunto es que el “Niño”, perdón, Nuño, se regocijó en el espectacular medallero olímpico cosechado por los mexicanos, o sea, las cinco medallas –tres de plata y dos de cobre- y agregó, en reciente entrevista ante medios de comunicación nacionales, que lo ganado era “coincidente” con lo obtenido en otras justas olímpicas. De tal forma, para el brillante secretario de Educación Pública las cinco preseas son, en términos coloquiales, lo que siempre se ha ganado, ni una más ni una menos. Con cinco como promedio, el país ya puede glorificar a sus mejores atletas. No cabe duda, don Aurelio es genial.

Este tipo de expresiones, carentes de sentido común, llenas de indiferencia y sobradas de vanidad y ego, retratan el tipo de gobierno que está montado en el país y, peor aún, la ineptitud de los empleados de alto nivel –ganan más de 200 mil pesos mensuales, aparte los “moches” que panistas, priistas y perredistas pusieron de moda- que no saben en dónde están parados. Bueno, sí saben: en el sitio exacto para las corruptelas grandiosas.

PRIMERA CAIDA.- El tal Alfredo Castillo dice que ya puso su renuncia sobre la mesa por los resultados olímpicos. Eso dicen todos los gandallas, pero, si lo remueven, no pasará mucho tiempo en que le den otro “hueso” para que haga de las suyas, o sea, nada.

SEGUNDA CAIDA.- ¿Qué sabe Nuño de deportes? Si de niño perdía hasta en las canicas.

TERCERA CAIDA.- Aurelio y Alfredo, el dueto pe… rfecto.

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