17 de Octubre de 2018

Opinión

Tal para cual

Por fin halló una lectura hecha para ella, decidió que Patrick Süskind no se libraría de ella tan fácilmente...

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-Ella-

De un tiempo para acá le era difícil terminar los libros que empezaba, bastaba con leer las primeras páginas para que el libro se le deslizara de las manos, dejándola completamente dormida, o peor aún, las palabras impresas le resultaban falsas, demasiado pretensiosas o insípidas, en estos casos, cerraba el libro con todas sus fuerzas como para hacerlo callar de una buena vez y lo arrumbaba en una caja que rápidamente se fue llenando con otros malogrados intentos de lectura.

-Él-

Traducida del alemán a más de una cuarentena de idiomas, superando con creces los 10 millones de ejemplares vendidos, no fue raro que en el año 2002 se reimprimiera por cuadragésima séptima vez la traducción al español de Pilar Giralt Gorina de El perfume, primera novela publicada de Patrick Süskind.

-El encuentro-

En la librería, antes de comprarla, tuvo sus dudas –la desconfianza mal fundada de aquella ley elitista que blasfema: “El éxito mercantil de las publicaciones es inversamente proporcional a su valor literario”–, aún así, decidió arriesgarse, considerando que el peor escenario sería buscar espacio para una caja más.

Por fin halló una lectura hecha para ella, decidió que Süskind no se libraría de ella tan fácilmente, investigó todo lo relativo al autor (cuyo hermetismo sólo deja conocer datos mínimos de su biografía); recorrió todas las librerías de la ciudad buscando cada una de sus obras (con la sorpresa de encontrar únicamente el bestseller antes mencionado); recurrió a internet como solución (uno a uno le fueron llegando los libros por correo); pequeños contratiempos no la harían desistir de su cometido: ¡leerle por completo!, ¡releerle cada vez que quisiera!

-Tú-

Ella me ha prestado su colección para leer. Ahora me toca prestarte al menos un pasaje:

“A veces tocamos pasando por alto al director sin que él se dé cuenta. Le dejamos dar pinceladas en el aire hasta que se cansa, mientras nosotros pateamos el suelo con las botas”, en El contrabajo (Ed. Seix Barral 1987)

“Porque, como es sabido, los poetas no escriben sobre lo que saben sino sobre lo que no saben, y ello por razones sobre las que tampoco saben pero quisieran saber sin falta”, en Sobre el amor y la muerte (Ed. Seix Barral 2006)

“En la época en que aún me subía a los árboles…”, en La historia del señor Sommer (Ed. Seix Barral 1991). 

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