25 de Septiembre de 2018

Opinión

Teilhard

El padre Teilhard es una de las grandes potencias intelectuales del siglo XX, un poeta y científico místico que revolucionó la visión cristiana del universo.

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Hace muchos años, cuando estudiaba Filosofía (1967), llegó a mis manos un libro que cambió muchas cosas en mi vida: El himno del Universo, del teólogo y paleontólogo francés Pierre Teilhard de Chardín, S.J., a quien desde entonces comencé a buscar y a leer. El padre Teilhard es una de las grandes potencias intelectuales del siglo XX, un poeta y científico místico que revolucionó la visión cristiana del universo.

El sacerdote y explorador –participante en destacados descubrimientos, entre otros el que realizó en Asia Central el Museo de Nueva York: el Sinantrophus u Homo erectus pekinensis, considerado durante muchos años el primer eslabón pérdido que justificaba las teorías evolucionsitas. Teilhard  también investigó en Java durante tres años –de 1936 a 1938- en los depósitos originarios del Pitecanthropus.

Lo más importante de la deslumbrante capacidad científica del sacerdote-paleontólogo fue su capacidad para integrar sus descubrimientos dentro de una perspectiva general del “problema humano”, conciliada con el dogma católico y con las exigencias de la ciencia moderna. Consignó sus meditaciones en gran número de escritos que seguían inéditos en el momento de su muerte (1955) y hoy están olvidados por la teología tradicional.

Teilhard de Chardin, dicen sus biógrafos,  sostuvo un evolucionismo teleológico; a la concepción materialista del darwinismo y del positivismo opuso una cosmología que, pese a admitir el evolucionismo e incluso extendiéndolo a la realidad espiritual, rechazaba una interpretación puramente mecanicista y materialista del cosmos.

Así expresó su fe en relación con su concepción del universo: Creo que el Universo es una Evolución. Creo que la Evolución va hacia el Espíritu. Creo que el Espíritu se realiza en algo personal. Creo que lo Personal supremo es el Cristo-Universal. La materia originaria, según él, contiene ya la “conciencia” como elemento organizativo, por el que la evolución se configura como un proceso teológico.

Teilhard –en ejemplar actitud de obediencia- aceptó las prohibiciones de sus superiores para no divulgar sus entones consideradas revolucionarias tesis y desde 1948  se quedó en la residencia de la Curia General de los jesuitas cerca del Vaticano (era el reinado de Pío XII). Después de varios encuentros con el superior general, el padre Juan Bautista Janssens, Teilhard entendió que jamás le dejarían publicar sus trabajos mientras viviera, y no le darían tampoco permiso para aceptar el puesto de profesor que le habían ofrecido en el Colegio de Francia.

Los que pudieron hablar con el luego se dieron cuenta de lo mucho que esto lo frustraba y el agobio de ciertas fuerzas eclesiales. Durante los siguientes dos años viajó por Inglaterra,

Africa y Estados Unidos buscando un lugar en donde vivir. En diciembre de 1951 acepta el puesto de investigador en la fundación Wenner Gren en Nueva York.Murió el domingo de Pascua el 10 de abril de 1955. Fue inhumado en el cementerio de St. Andrews-on-Hudson, en el estado de Nueva York.

Hoy lo recuerdo con gratitud.

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