23 de Septiembre de 2018

Opinión

Temática en común

Cervantes-Ortiz se refiere a su quehacer editorial como un peregrinaje poético por tierras y letras latinoamericanas durante el siglo veinte.

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Carlos Monsiváis prologa el libro que leo, El Salmo fugitivo (2009), antología poética compilada por el mexicano Leopoldo Cervantes-Ortiz, y publicada en Colombia por la Editorial Clie. El autor de la obra nos relata que para llevar a cabo la selección de poemas fue de vital importancia la búsqueda bibliográfica que realizó durante sus estancias en los Estados Unidos; y de igual modo agradece a muchos de sus colegas el haber compartido con él gran parte del material literario.

Cervantes-Ortiz se refiere a su quehacer editorial como un peregrinaje poético por tierras y letras latinoamericanas durante el siglo veinte; peregrinaje a través del cual va recogiendo tanto poesías como ensayos literarios, para conjuntar la voz lírica de los autores con la voz académica de los estudiosos del género.

El libro reúne a más de cien poetas latinoamericanos, desde Rubén Darío, Amado Nervo, Gabriela Mistral o Pablo Neruda, pasando por Jorge Luis Borges, José Lezama Lima, Guadalupe Amor o Cintio Vitier, hasta Eliseo Diego, Ramón Xirau, Rosario Castellanos y Gabriel Zaid, junto a muchos más.

El hilo conductor de este viaje literario, cuya brújula es el género poético, es la temática religiosa; en el libro, queda representada la reflexión espiritual de hombres y de mujeres, independientemente de su credo religioso e incluso de su condición aconfesional.

Y leemos a Carlos Pellicer diciendo: “Haz que tenga piedad de Ti, Dios mío.”; a Octavio Paz: “Dios que me deshabitas”; a Roberto Inarroz: “Me está sobrando dios”; a Juan Gelman: “Así como hombres y mujeres/en su infinita bondad/creen en Dios/es posible que Dios/en su infinita bondad/crea en hombres y mujeres”.

Y escuchamos a Dulce María Loinaz agregar: “No nos dejes caer nunca en la tentación de desear la palabra vacía”; a Clara Silva: “Despiértate, Señor, que se hace tarde”; a Concha Urquiza: “Bien sé que como Pedro he de negarte”; Adélia Prado: “La poesía me salvará”.

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