23 de Octubre de 2018

Opinión

Tiembla Cancún

Los ataques en las entrañas de la Fiscalía General de Cancún y el C4, provocaron un baño de sangre y una persecución de escándalo.

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El crimen organizado invadió Quintana Roo sin que los tres niveles de gobierno advirtieran las dimensiones del peligro. Fue una invasión no tan discreta, como huevos de serpiente incubados mientras el gobierno del presidente Ernesto Zedillo se había concentrado en politizar la ofensiva contra el narcotráfico, persiguiendo a la única presa que en verdad le importó en nuestros dominios: el gobernador Mario Villanueva Madrid, sentenciado de antemano como narcotraficante a principios de 1999, en la decadencia de su mandato.

La sangrienta jornada de ayer en Cancún es consecuencia de ese abandono irresponsable que dejó crecer a su delincuencia que este martes desafió a Cancún y a todos los poderes institucionales, dejando al descubierto la vulnerabilidad de estos poderes y la nuestra.

Los ataques en las entrañas de la Fiscalía General de Cancún y el C4 –en estas instalaciones con granadas de fragmentación lanzadas por la parte trasera – provocaron un baño de sangre y una persecución de escándalo, generando pánico y tensión en gran parte de Quintana Roo, atento a la información instantánea que no dejó de fluir.

Los datos fluyeron ayer por la tarde, confirmando el peor ataque criminal en toda la historia de Quintana Roo, con una movilización militar que inyectó confianza con su sola presencia.

¿Cómo llegamos a esta situación de pesadilla? ¿Hay varios culpables? ¿Quiénes son? Porque los huevos de la serpiente fueron incubados por nuestros políticos y mandos policiales.  

Hizo muy mal el gobierno federal al convertir una ofensiva contra el Cártel de Juárez en una maniobra para perseguir, encarcelar e intentar destruir a un político priista que se atrevió a desafiar a Zedillo, quien dio luz verde para armar un expediente contra Mario Villanueva y sus alfiles.

La ofensiva del gobierno federal fue muy intensa, pero su prioridad nunca fue el combate a un narcotráfico que ya se había instalado en Cancún y en otras plazas del estado, como la capital chetumaleña. 

No hay un alto en el camino para revisar lo que ocurre en materia de seguridad en Quintana Roo, La matanza en el club nocturno Blue Parrot puede ser el aviso de una escalada de violencia, de un baño de sangre que nos puede sorprender tejiendo chambritas. Esto escribí ayer a las 12 horas en mi Face.

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