13 de Noviembre de 2018

Opinión

Tiendas escolares, negocio intocable

Los intereses mezquinos del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), combinados con la complicidad del ex secretario de Educación...

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Los intereses mezquinos del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), combinados con la complicidad del ex secretario de Educación, Eduardo Patrón Azueta,  lanzaron por la borda lo mucho que se había avanzado en el tema de las tiendas escolares, un negocio que además de generar montañas de billete atenta contra la salud de los estudiantes de nivel básico, al ser obligados a consumir comida chatarra y refrescos embotellados que son un factor de enfermedades silenciosas, como la diabetes.

La pasividad de Eduardo Patrón –emanado del sindicato magisterial y defensor de los intereses de su gremio – permitió que los representantes del SNTE se sirvieran con la cuchara grande, en contubernio con directores y maestros que se reparten la asignación de tiendas escolares, manteniendo a raya a los contados padres de familia que pretenden intervenir, preocupados por la nutrición de sus hijos.

Lamentablemente la burocracia de la Secretaría de Educación se ha cruzado de brazos para permitir que este negocio siga marchando viento en popa, atentando contra el desarrollo armónico de miles y miles de alumnos que son contemplados como mercado cautivo de este negocio con tintes criminales.

Sara Latife Ruiz Chávez tiene que desinfectar el cochinero que le dejó Eduardo Patrón Azueta, quien consintió en exceso a su gremio sin que le importara el grado de afectación a la población estudiantil.

De entrada, es inaceptable que en la toma de decisiones para dar luz verde a las tiendas escolares tengan mano representantes del SNTE, quienes abren el paso a compadres, amigos, compañeras sentimentales e incluso a prestanombres.

Esta decisión tan importante debe recaer en padres de familia, asesorados por representantes del sector salud. Pero al dejar el peso de la decisión en manos de representantes sindicales, se abren de par en par las puertas al reino de la fritanga, los dulces, refrescos y demás calamidades.

A todo esto, hay una voluminosa burocracia que dormita e incluso ronca en el cruce de las avenidas de los Insurgentes y Javier Rojo Gómez, relajada en el aire acondicionado y la puntual ociosidad, sin tomar nota de los asuntos que reclaman su atención inmediata.

Si Sara Latife Ruiz Chávez efectúa una visita sorpresa a equis primaria o secundaria de de la capital del estado, difícilmente encontrará al plantel marchando como reloj suizo, porque al ausentismo se suma una simulación tipificada como fraude, ya que al alumno y al padre de familia les dan gato por liebre en cuanto a la calidad real de la educación.

Pero no sólo Sara Latife debe efectuar esa visita sorpresa para pescar al profesor y al director fuera de base. Debe participar sin excusas esa burocracia dormilona con funciones de adorno, cuyo fin es consumir la mayor tajada del jugoso presupuesto destinado a educación.

No tengo la menor duda de la capacidad y el compromiso que tiene Sara Latife con la  educación, más allá del rollo tradicional de muchos de los políticos que padecemos. El perfil de la ex diputada federal es sin duda el indicado para reactivar una de las áreas más estratégicas del sector público, a la par con salud.

Manoseo en distritos del sur No me gusta el nuevo mapa electoral. Comprendo el criterio del peso poblacional que otorga más distritos a Cancún, pero apegado al librito genera injusticias y un caos generalizado, tanto entre futuros candidatos como a nivel pueblo.

Ejemplo de ello, los dos distritos que conserva Chetumal y que han sido manoseados con tal de preservar el equilibrio poblacional.

Qué decir del tercer distrito, con zonas bien definidas donde hay reclamos y exigencias tan diversos.

El trabajo de gabinete no detecta deficiencias y situaciones tan complicadas, como meter en una misma canasta a los municipios de Felipe Carrillo Puerto y José María Morelos. Al final siempre se queda mal con uno de ellos.

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