18 de Septiembre de 2018

Opinión

Titubeo y desliz entre 'expertos'

No son los espacios “bonitos” los que anhela un enfermo, sino calor humano, actitud de servicio y profesionalismo.

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Un día de esos, en el servicio de urgencias, entre carreras, excesos y estrés, donde la pericia y habilidad del profesional van más allá de los limitados recursos, me interceptó un compañero de trabajo y solicito mi opinión por lesiones cutáneas puntiformes generalizadas que aparecieron de la noche a la mañana en todo su cuerpo y ojos rojos.

Revisé el caso y emití mi presunción diagnóstica de zika. La enfermedad sigue más vigente que nunca en la península y su complicación más temida es el Guillian Barre, que se caracteriza por parálisis de músculos y que puede causar la muerte.

El epidemiólogo coincidió con mi impresión clínica inicial. Como establece el protocolo, acudimos al laboratorio del hospital de tercer nivel en terrenos de Fénix y allí fue donde el gigante con pies de arepa se tornó presente.

Al llegar y pedir “el favor de extraer muestra de sangre”, mayúscula fue nuestra sorpresa al toparnos con profesionales jóvenes que, con actitud de perdonavidas, escucharon nuestra solicitud, formulada varias veces, de obtener el líquido para enviar a laboratorio especializado para confirmación.

Ni siquiera salía de mi incomodidad, al ser tratado como intruso y cuestionado por el diagnóstico, cuando entre ellos empezaron a preguntar en qué tipo de “tubos” había que sacar la sangre y si debían contener anticoagulante o no; ¿en un tercer nivel de alta especialidad y después de meses de campaña y difusión por el sector salud, aún existen empleados que ignoran que es el ZIKA y la manera en que debe ser tomada y manejada la muestra de sangre? Lamentable. 

Este pasaje nos hace nuevamente reflexionar en si en verdad las estrategias para alcanzar la calidad en la atención sean las correctas. Imagínese si esto se lo hacen a compañeros de trabajo, qué podemos esperar cuando de atender a la población se trata. No son los espacios “bonitos” lo que anhela un enfermo, sino calor humano, actitud de servicio y profesionalismo, más allá de posturas soberbias, que envilecen su existir y manchan el trabajo del colectivo que se esfuerza por enaltecer su labor. 

¿Será acaso que algunos siguen pensando que hay pacientes de primera y de segunda? Si no es así, que aclaren la mente de los empleados públicos señalados y enderecen el abyecto camino que toman quienes aún no están comprometidos con la institución y sus ideales. 

Mientras más alto estés hijo, más compresivo deberás ser, insistía mi papá en sus charlas cotidianas. 

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