21 de Noviembre de 2018

Opinión

Tláloc no acepta devoluciones

Pensé que al entregarle a Mónica Arriola, hija de la maestra Gordillo, su renuncia a la secretaría general del Panal, Tláloc dejaría de arrojarnos sus rayos y centellas.

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Harto de que el país esté sumergido bajo las aguas, menos en los lugares en donde más se necesita que queden restos de humedad; cansado de ver a los políticos regodearse en guayabera frente a los abandonados y las víctimas; de los funcionarios que se apañan las despensas y hacen negocios.

Aburrido de las pseudoestrellas televisivas que se esfuerzan porque se sepa que han donado y de que Kafkapulco espere los apoyos de Luis Miguel como si fuera el Godot de los boleros; decepcionado que de manera mediática se linchara más a los que se llevaron las pantallas del Costco que a los de McDonald’s, que donaron mil hamburguesas a los damnificados; hasta la madre de todo eso, mejor fui a hablar con Tláloc, el mismísimo, para saber qué sacrificios teníamos que hacer para que la deidad dejara caer lluvia sobre México en un homenaje salvaje a Vicente Rojo.

Tláloc ya tuvo a los miles de damnificados de tormentas y huracanes, que todavía tuvieron que sufrir el caos y el desorden de las estrategias gubernamentales que, de haberle hecho caso a la Conagua y el Meteorológico Nacional, se pudo haber ejercido algo que no es muy común en la patria: la prevención. No se diga aquellos que todavía para regresar a sus lugares de origen tuvieron que padecer incontables via crucis en las intrincadas carreteras —ponen gratis el peaje en la Autopista del Sol cuando desde sus inicios tendrían que pagarte por andar por ahí— que parecen diseñadas por los productores de las reformas energética y fiscal.

Pensé que al entregarle a Mónica Arriola, hija de la maestra Gordillo, su renuncia a la secretaría general del Panal, Tláloc dejaría de arrojarnos sus rayos y centellas. A lo mejor supuso que aquello no fue voluntario, sino por obligación, pues los cultos dirigentes del SNTE dicen que en uno de sus arrebatos la chica estuvo apoyando a la CNTE. Si eso fuera cierto, la hubiéramos visto en batalla campal con los granaderos mientras gritaban: “¡Con los maestros muy chingones; con los narcos, maricones!”.

Lo más curioso es que uno de sus mayores beneficiados, el ex candidato Gabriel ChikiliQuadri, no salió a defenderla. Le comenté a Tláloc, en el bullicio reggaetonero de un domingo en Chapultepec, que si eso lo satisfacía, podíamos arrojar a los Pumas y su directiva al Popocatépetl. Me dijo que así lo dejara, que lo de Chepo ya había sido suficientemente indigesto. Tláloc en verdad no acepta devoluciones. Hoy, ante la muerte de Álvaro Mutis, no llovió. 

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