19 de Noviembre de 2018

Opinión

Todavía, lejos de la igualdad

En encuestas, estadísticas y demás registros las mujeres del país no están bien paradas.

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En encuestas, estadísticas y demás registros las mujeres del país no están bien paradas. En Quintana Roo no es diferente. No les favorecen los números, salvo en par de indicadores, para nada envidiables. 

Han ido ganando terreno, aunque siguen lejos de la paridad; sin embargo, son más los reconocimientos de los derechos de la mujer que no siempre garantizan el piso parejo para que puedan desempeñarse en condiciones óptimas. 

Falta mucho por hacer. La realidad choca con los buenos deseos de acortar la brecha con los hombres en materias clave para el desarrollo de cualquier sociedad. Hay más conciencia de lo indignante que son las discriminaciones, pero no significa que se hayan reducido y menos extinguido. 

El tema de la desigualdad de género reaparece en sus expresiones más cavernícolas cada vez que ocurre un feminicidio; cuando se divulga un estudio del mundo laboral; cuando reparamos que en el mundo profesional las mujeres son desplazadas, o cuando en el plano político les faltan oportunidades con todo y leyes casi a la medida.

El tema está arraigado en escuelas, empresas, partidos políticos y gobiernos. Pero no sólo allí. Por encima de todo responde a una matriz cultural, donde el hombre asume el rol de proveedor, guía y poseedor de la verdad. Nada más equivocado.

Si alguien cree lo contrario, comprobará lo opuesto al revisar las cifras de ejercicios oficiales que sirven para generar políticas públicas, los cuales muestran tal sometimiento que no deja prosperar en ciertos ámbitos a quienes –dicho sea de paso– son mayoría en la nación.

Puede justificarse que cada quien vive como quiere, pero la pregunta debe ser si dichas inercias están frustrando las expectativas de vida y no solamente impactando perjudicialmente en meros apuntes que sirven para la comparación. Colectivamente, también nos afecta.

Presumimos más igualdad, celebramos propuestas de penas más severas o rasgamos vestiduras con expresiones machistas, pero pasan inadvertidas otras manifestaciones sexistas, clasistas o xenófobas contra ellas.

Sobre este último renglón, reflota la denuncia de la argentina Belén Mirallas, quien aseguró haber sido víctima de un intento de violación en Playa del Carmen, en fecha reciente. Lo repudiable ocurrió en seguida en redes sociales, cuando se confirmó su condición de extranjera, el lugar y la hora del ataque (la playa, 8 PM), cómo vestía y su conocimiento de artes marciales. Se le bajó el perfil, fue criticada y aparecieron los memes.

Los llamados “grupos feministas” tienen la consigna de que “un ataque a una es una agresión a todas”. La realidad es que un embate de ese tipo debe ser considerado un atentado a la comunidad. Si lo ignoramos o minimizamos, no progresaremos.

Desorbitado

Ya sabemos cómo viene el año. Eso de que se “cierra un ciclo” y “comienza otro” es, posiblemente, una superstición en la mayoría de los hogares de los mexicanos. Se podrá desear algo distinto y confiar en que la ansiedad terminará. Es comprensible, aunque no se cambia porque avanza el calendario. 

Ciclos, fases o secuencias, una vez iniciadas, suelen persistir. Gobiernos extraviados, zozobras económicas, más impuestos, austeridad e incluso “efectos sorpresa” como las del año pasado, seguramente continuarán. Aun así, bajar los brazos y fracasar antes del intento es un error inexcusable.

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