15 de Octubre de 2018

Opinión

Todos somos Calibán

La obra de teatro es un espectáculo doble: el que ofrece al espectador y el que hace en el panorama vital de estas mujeres.

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Una de las maravillas de participar en muestras y festivales teatrales es poder ver y oír el trabajo de los otros. En el retorno a casa, nadie podrá quitarte la imagen o la frase de tal o cual obra que anidó en tu memoria para siempre.

Hace unos días vi “Todos somos Calibán”, un espectáculo de Sara Pinedo. En esta obra, 16 mujeres de las comunidades menos favorecidas de Guanajuato cuentan fragmentos significativos de su historia. La historia se cuenta en una plaza, sin grandes aparatajes teatrales ni escenografía, la pura palabra y un micrófono que a veces falla, en contraste con la palabra certera y la mirada profunda de estas mujeres, ellas son infalibles.

Si algo tropieza en las ideas, sonríen, se acompañan, se avisan de cuándo hablar. No pretenden actuar, pero nos calan hasta lo más profundo del alma.

Encienden el fuego para cocinar y echar las tortillas al tiempo que el humo de sus vidas va entrando a nuestros ojos. Es la historia de la partera, de la madre que vio partir al hijo a los Estados Unidos, de la embarazada que se queda en la comunidad para ayudar, de la que cuenta que su hijo empezó pelando nopales a los 5 años y ahí sigue, ahora de veintiuno. 

A la consigna de “Si yo fuera el gobernador” “Si yo fuera el presidente”, ofrecen opciones sencillas que permitirían a su comunidad tener una vida con mejores posibilidades; desde construir un puente -porque lo que hay ahora sobre el río es un palo- hasta que todos los niños tengan acceso a la escuela. Algo hay en sus discursos porque uno quiere sumarse a ellas, piden ayuda para quitar las espinas a los nopales o darle vuelta a las tortillas que se cocinan y uno quiere estar ahí con ellas.

Pasa lo mismo cuando dan opciones para un México mejor, lo que dicen es tan fácil y sencillo, que uno quiere ir con ellas a construir el puente, uno quiere que todos las escuchen y echen mano a sus necesidades vitales. Sin duda, un trabajo inolvidable en la 36a Muestra Nacional de Teatro que este año incluyó propuestas de teatro comunitario y clínicas especializadas para compartir los procesos de los creadores.

Al final, las mujeres invitan al público a comerse un taco de nopal, recién hecho con sus propias manos y a vista de todos. Nadie se resiste, asistimos al banquete mientras ocultamos algunas lágrimas de esas que hacen brotar las mujeres cuando nos hablan de las heridas más profundas de su corazón. “Todos somos Calibán” es un espectáculo doble: el que ofrece al espectador y el que hace en el panorama vital de estas mujeres.

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