25 de Septiembre de 2018

Opinión

La tolerancia está de paseo

La cultura, la educación y la política son criterios para examinar las diversidades dentro de nuestro entorno...

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La tolerancia tiene padre: Akbar, el rey mongol de la India. En el mundo que vivió hace más de cinco siglos, las discrepancias étnicas, religiosas y de costumbres se presentaban en un reino casi imposible de gobernar. La tolerancia le salvó de la catástrofe y fue la base del esplendor alcanzado, en un país donde hindúes, musulmanes, cristianos, budistas y otros creyentes prácticamente se jalaban de los pelos y las barbas. El rey mongol utilizó la tolerancia política y cultural como herramienta de convivencia, y murió en santa paz. En el extremo de esta virtud democrática se encuentra la intolerancia, ésta es huérfana, pero con muchos hijos, que se cobijan en moralinas y supremacías de genes. 

La cultura, la educación y la política son criterios para examinar las diversidades dentro de nuestro entorno. La existencia de una etnia minoritaria en nuestra cultura con un idioma que ha permeado a la lengua oficial no siempre es aceptada en la práctica real. Reímos cuando se hace mofa de la supuesta ignorancia de los mayas, y llevamos hasta el éxtasis la algazara cuando se remeda la ilación de las palabras y oraciones de un mayahablante. Lo mismo hacemos con personas de diversas preferencias sexuales y otras diversidades, a quienes con sobrenombres o alias les hacemos burlas. 

La tolerancia tiene camino histórico, responde a necesidades políticas y sociales. Tomando en cuenta que los derechos humanos tienen como fundamento la dignidad humana, se puede entender que la tolerancia es la vía para preservar la dignidad y la integridad de las personas.  Tolerancia no es vivir con el complejo de “mártir”, soportar, aguantar y callar; es respetar el derecho del otro a ser diferente. Nadie porta el estandarte de la libertad absoluta, pero todos merecen su verdad. 

El valor de la tolerancia es resultado de un aprendizaje. Es justo reconocer que nuestra sociedad no está marcada por esta forma de comportamiento. Nuestra historia es de enfrentamientos extremos, luchas entre conservadores y liberales, blancos y mayas, centralistas contra federalistas, y póngale más. Por ende, nuestra educación está basada en la discriminación del contrario, así ha sido en el pasado y lo replicamos actualmente como una xenofobia natural.  

La interculturalidad se encuentra olvidada en la agenda educativa, en las escuelas de esta capital conviven diversas culturas, los migrantes que han llegado a Yucatán son numerosos, convivimos con ellos, algunos son no gratos por sus costumbres, pero ellos ya son parte de nosotros.  La interculturalidad en la educación, generadora de la tolerancia como base del respeto a los derechos humanos, está de gira artística.

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