13 de Diciembre de 2017

Opinión

Toma de decisiones

“El hubiera no existe”. Y sí, en la vida nos pasamos eligiendo, tomando decisiones; unas mejor pensadas que otras.

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La frase es muy gastada: “El hubiera no existe”. Y sí, en la vida nos pasamos eligiendo, tomando decisiones; unas mejor pensadas que otras. En ocasiones son fatales, o al menos nos marcan de por vida. Y a veces nos arrepentimos… cuando podemos.

Se dice que la cantante Jenni Rivera tomó una decisión de último momento, hecho que adelantó su viaje sin retorno. ¿Fue el destino? Acaso también nosotros lo forjamos con ese don que tenemos del libre albedrío y del que  no pocas veces hacemos mal uso.

Recordamos un acaecimiento durante nuestra travesía en la Armada. En 1975, época de ciclones en el Pacífico mexicano. Tras un mes de vigilancia en el mar territorial en el Guardacostas “Vallarta”, en la frontera de Chiapas con Guatemala, debíamos retornar a nuestra base en Acapulco, pero antes, repostar en Salina Cruz, Oaxaca.

El jefe de la radio entregó al comandante, un teniente de Navío, el reporte meteorológico que indicaba la cercanía de un ciclón; era preferible no arrumbar a Salina Cruz, pero el comandante hizo caso omiso, pensó que podía ganarle a la naturaleza y llegar a puerto… sus motivos tenía, pero esa es otra historia.

Y vinieron las consecuencias: al quedar en el área de influencia del meteoro, el buque fue arrojado a varias millas lejos de la costa; una noche, las máquinas pararon, no había sistema de gobierno; el barco de casi 68 pies de eslora y 890 toneladas de desplazamiento se mecía como cáscara de nuez y estuvo a punto de zozobrar. ¡Prepárense para abandonar el buque!, fue la orden que recibimos. Por fortuna, no ocurrió. Varios días después, ya sin víveres ni agua potable, avistamos de nuevo la costa adelante de Acapulco, en Papanoa.

El comandante estaba asustado, sabía que puso en peligro su barco y a su tripulación. No hubo consecuencias con la superioridad, supongo, pues terminó su ciclo de mando en esa unidad y continuó su carrera.

La paradoja vino años después. Ya siendo almirante tomó otra decisión que marcaría de nuevo su vida, y no fue en altamar: La tarde del 5 de marzo de 2006, en la ciudad de México, enfrentó y mató con pistola a un ladrón que intentó despojar a una mujer de su camioneta. Recibió cuatro balazos, estuvo grave, pero no murió. Tengo para mí, que con esta acción pagó aquella decisión errónea de 1975.

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