18 de Octubre de 2018

Opinión

Trabajo, una palabra sufrida

Para los fines de divulgación que pretendemos, trabajo es “esfuerzo humano aplicado a la producción de la riqueza.

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Trabajo es una palabra que está en el vocabulario cotidiano de todos y cuyo significado damos por sentado que conocemos. Pero no es tan así, aunque efectivamente no hay quien no tenga aunque sea una leve noción de lo que esta palabra significa: Es lo que hago a cambio de lo que me pagan, diría la mayoría de los asalariados. “Es tan malo que hasta te pagan por hacerlo”, respondería alguien que no es precisamente un enamorado de esta actividad. Hay, sin embargo, tratados ingentes y exhaustivos de lo que quiere decir trabajo y de toda la carga ideológica que encierra el vocablo, en cuyo nombre se han hecho guerras y revoluciones.

Para los fines de divulgación que pretendemos, trabajo es “esfuerzo humano aplicado a la producción de la riqueza. Se usa como oposición a capital”.

Asimismo: estudio o investigación: “El trabajo sobre la relatividad dio a Einstein fama mundial”. Inclusive el fruto de un esfuerzo: “Hizo un buen trabajo”.

También: “Esfuerzo personal para la producción y comercialización de bienes y/o servicios con un fin económico, que origina un pago en dinero o cualquier otra forma de retribución. Es una parte o una etapa de una obra o de un proyecto para la formación de un bien de capital. Labor, deber, relación y responsabilidad que debe realizarse para el logro de un fin determinado y por el cual se percibe una remuneración”.

Es “uno de los factores de la producción”. El otro es el capital.

Trabajo y trabajar (el sustantivo y el verbo) tienen un origen etimológico bastante curioso. Provienen de una palabra latina que designa a un instrumento de tortura o de castigo: tripalium (lit: tres palos), que es un artefacto formado por tres palos al cual se ataba a un reo para torturarlo o una especie de látigo con tres tiras de cuero terminadas en un nudo mediante el cual el piloto de una nave fustigaba a los remeros para que no cejaran en su esfuerzo por dar fuerza motriz a la embarcación.

Basado en este desglose etimológico hay quien dice que, si no se sufre, no es trabajo y, por tanto, sólo es trabajo cuando por ese sufrimiento hay una paga. La realidad parece dar la razón a quienes así piensan, en el 99 por ciento de los casos. En el restante 1% no es trabajo.    

Hay de hecho un organismo multinacional –dependencia de la Organización de las Naciones Unidas: la Organización Internacional del Trabajo (OIT)– que tiene por declarado objetivo (difícil de cumplir) normar el trabajo y las condiciones en que se realiza en el mundo. La OIT, con sede en Ginebra, Suiza, es la primera agencia de las Naciones Unidas, estatuto que alcanzó en 1946, aunque, según el mismo organismo, fue fundada en 1919, “después de una guerra destructiva (la Primera Guerra Mundial)” y está “basada en una visión según la cual una paz duradera y universal sólo puede ser alcanzada cuando esté fundamentada en el trato decente a los trabajadores”. La OIT tiene hoy día 182 estados miembros (es decir, países integrantes).

Es, de todos los acuerdos que se incluyeron en el Tratado de Versalles que puso fin a aquella gran conflagración mundial, el único que sigue en vigor y refleja “la convicción de que la justicia social es esencial para alcanzar una paz universal y permanente”. Es una organización tripartita (única en su género) integrada por representantes de empleadores, trabajadores y gobiernos. Este hecho da una idea de la importancia que el trabajo tiene dentro de la vida social, económica y política del mundo.

El Tratado de Versalles estipuló la creación de la Sociedad de Naciones (o Liga de Naciones, antecedente de la ONU), por iniciativa del presidente norteamericano Woodrow Wilson y sus famosos “14 Puntos”. La Sociedad de Naciones pretendía arbitrar las disputas internaciones y por medio de eso evitar futuras guerras. El Tratado de Versalles imponía duras sanciones a Alemania, entre ellas la pérdida de buena parte de sus tierras en Europa y en ultramar.

 El tema da para más, así que sobre él volveremos la próxima semana con otro trabajo.

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