21 de Enero de 2018

Opinión

Tramontana

Las personas que están unidas a mí por lazos sanguíneos saben que el aire puede doler...

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A Guadalupe, quien también lo siente

Para quienes en estos días leen desde un espacio común es imperativo detenerse en medio de cualquier actividad cotidiana y ser conscientes de un hecho: el aire corre y nos recorre. No es un aire propio de este mes, o quizá sea que no le ajusto recuerdos; a veces la piel pierde la memoria. 

¿Qué tan conscientes somos del aire? Las personas que están unidas a mí por lazos sanguíneos saben que el aire puede doler, que a veces trae el nombre de los abuelos, que nos envuelve, que trae tonos de lluvia, que alivia el cuerpo, que nos dice entre los poros que también nosotros estamos aquí para ser sentidos.

¿Existe el aire de la locura o quizá sea aquél del que nos advirtieron los mayores? Ese con el que no podías estar jugando porque las muecas faciales funcionan de una manera misteriosa si se mezclan con un mal aire; dicen que nos quedamos chuecos. 

Hoy tengo una historia que se siente, por supuesto, en los poros. Pero no solo ahí. Viaja desde nuestros ojos hasta el interior del cuerpo; invade, conquista, causa miedo. Gabriel García Márquez decidió que se llamara “Tramontana” (1982), como si supiera por adelantado que tendríamos la curiosidad suficiente para encontrar su significado y conocer que se refiere a un viento frío y seco que sopla del norte. 

Dentro de la historia, una persona nos cuenta lo que ve: en un bar de Barcelona, un grupo de hombres convencía a otro de continuar la fiesta en Cadaqués. El joven, determinado y con temor en la voz y en los ojos, se negaba diciendo que no regresaría ahí; pues de hacerlo, lo esperaría la muerte. Lo mataría la tristeza, la melancolía y la nostalgia, moriría por un aire. Así fue.

Quien narra, cuenta la historia de cómo él mismo pudo sobrevivir a ese viento enloquecedor de almas. Aprendemos desde su experiencia. Busquémonos en el aire, que las ráfagas nos envuelvan, que traigan recuerdos, nombres y espacios, que curen y traigan certezas, que nos guíen.

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