19 de Septiembre de 2018

Opinión

La transformación del paisaje

El sábado pasado, como parte del 12o Festival de monólogos “A una sola voz”, tuve una función en Nuevo Laredo, al iniciar la obra me percaté de la presencia de varios niños y adolescentes.

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Me considero bastante neurótica con respecto a la clasificación de públicos para cine y teatro. Cuando veo niños asistiendo a obras o películas clasificadas para adolescentes y adultos, me siento incómoda y  pienso en la poca responsabilidad de los padres. El sábado pasado, como parte del 12o Festival de monólogos “A una sola voz”, tuve una función en Nuevo Laredo, al iniciar la obra me percaté de la presencia de varios niños y adolescentes. 

Pensé que al transcurrir la obra, por su temática y algunas palabras altisonantes, los padres se irían, pero no fue así. Terminé la función algo contrariada, pensando en hablar con los organizadores respecto a ello. Como ha sucedido en todas las funciones del festival, me avisaron que algunas personas querían saludarme.

Entre ellas estaba un padre de familia con sus hijos, me compartió sus impresiones sobre la obra y porque le había significado tanto: “Yo también odié a mi papá, también deseé que se muriera y dejé de hablarle por años, me lo encontraba en la calle y me seguía de largo, hasta que fui padre. Eso cambió todo, pensar que mis hijos dejaran de hablarme hizo que fuera a pedirle disculpas y decirle que todo estaba en paz. El no me hizo mucho caso, pero para mí fue importante, quiero ser el mejor padre que pueda ser para mis hijos, mire, aquí están”.

Los niños me extendieron la mano y me hicieron algunas preguntas. Mi neurosis inicial empezó a transformarse. El señor se despidió: “Espero que se lleven una buena imagen de esta ciudad, es cierto que es una ciudad violentada, con levantones y violencia, una violencia distinta de la que usted habla en su obra, pero que nos hace vivir una tensa calma. No queremos que la gente crea que nuestra ciudad es sólo eso. Es verdad, hay levantones, pero también hay esto” -dijo mientras señalaba a los niños- “y por ellos es importante que la cultura no nos abandone. Necesitamos que nuestros hijos vivan buenas experiencias y eso es lo que les da el  teatro, este teatro”. 

A veces olvidamos que muchos niños han vivido la violencia inexplicable, la que no se agota, en cambio la violencia desde la ficción puede transformarse en conversación finita entre padres e hijos. Me sentí confundida con respecto a mis prejuicios,  pero estoy segura de que todo esfuerzo a favor del arte, sea éste cual sea, siempre moverá vidas, pensamientos, conciencias y a veces más de las que imaginamos, puede transformar el paisaje de una ciudad, aunque sea por el tiempo que dure la representación y con la esperanza de transformarlo el próximo año.

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