25 de Septiembre de 2018

Opinión

Tsíimin Tunich, el caballo maligno

De día era una piedra y al anochecer cobraba vida. La bestia salía del monte y recorría el pueblo y el viento que originaba su paso causaba muchas enfermedades.

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Hace mucho tiempo, en X’Uenkal, cerca de Tizimín, salía un caballo a galopar por las noches. Era un equino maligno. De día era una piedra y al anochecer cobraba vida. Le llamaban Tsíimin Tunich.

Patricia Martínez Huchim escuchó el relato de su padre, don Antonio Martínez. Dice que la bestia salía del monte y recorría el pueblo. El viento que originaba su paso causaba muchas enfermedades.

Tsíimin Tunich atacaba a otros caballos que encontrara hasta darles muerte. Después copulaba con las yeguas. Cerca del amanecer corría de nuevo al monte y se convertía en piedra de nuevo.

Alejandro Dzul Perera dice que el caballo de piedra sacaba fuego por las narices y que X’Uenkal fue el primer asentamiento humano que dio origen a Tizimín. Agrega que posiblemente la existencia del Tsíimin Tunich fue lo que le dio el nombre a la actual ciudad de Tizimín. 

En una ocasión, los j’menoob, hombres sabios del pueblo, decidieron acabar con el maligno animal. Fueron nueve sacerdotes los que se reunieron para hacer el ritual y luego le cortaron la cabeza. La tiraron muy lejos donde nadie pudiera hallarla.

Desde entonces dejó de oírse el galopar nocturno. Dicen que si alguien encuentra la cabeza y se la coloca a la otra parte del cuerpo, el animal recobrará la vida y volverá a causar daño.

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