21 de Septiembre de 2018

Opinión

Un Congreso multimillonario e inútil

El Congreso de Quintana Roo se ha instalado en una insultante zona de confort, gastando como poseído mientras la mayor parte del pueblo chapotea en la miseria...

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El Congreso de Quintana Roo se ha instalado en una insultante zona de confort, gastando como poseído mientras la mayor parte del pueblo chapotea en la miseria.  Si acaso les sirve de consuelo, los demás poderes legislativos de nuestro país –incluida la Cámara de Diputados y la de Senadores– padecen esa enfermedad que los envuelve en su cápsula de la opulencia y la frivolidad, con acceso a gastos sin límite como los efectuados por los villanos del pasado inmediato, con el pequeño detalle de que navegamos en los tiempos del cambio y en época de austeridad.

Casi 341 millones de pesos es lo que ejerce nuestro Congreso local en 2016, una montaña de dinero que debe ser revisada a conciencia porque nadie tiene derecho a darse vida de rey cuando los súbditos a duras penas pueden pagar el agua potable y la luz. El presupuesto será preservado en 2017 porque así es la vida.

Pero hay que evaluar la efectividad bruta –sin que esto tenga relación con las deficiencias de nuestros “legisladores”–, ya que no están presentando iniciativas y se entretienen elaborando puntos de acuerdo para impresionar a los despistados. Son los que aparentan, pero sin iniciativa.

La bancada panista tiene reservada el área de un gigantesco hotel ubicado en el primer cuadro de Chetumal, donde se reúnen una vez por semana para componer el mundo y dejarlo peor al marcharse. Obviamente paga el Poder Legislativo. 

Diputados del PAN y PRD tienen a su disposición un inmueble de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco), a unos cuantos pasos del Congreso. El sitio lo ocupan según para diseñar estrategias lejos de miradas que puedan incomodarlos. Para esto sirve el poder, compadre.

Quienes llevan las riendas de la Gran Comisión no tienen derecho a desplazarse en camionetas nada austeras. Sí, todo esto lo hacían los odiados priistas, pero uno supone que son los tiempos del cambio y hay que predicar con el ejemplo, sobre todo cuando la austeridad es la norma.

El Congreso del Estado tiene que ser aliado del pueblo, y para ello debe asignarse un presupuesto justo sin dar rienda suelta a sus caprichos y pasiones. Porque quizá aquellos encendidos reclamos de los nuevos poderosos hayan sido manifestaciones de envidia y tremendo antojo por ser como ellos en el delicioso Royalton de Puerto Morelos.

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