16 de Julio de 2018

Opinión

Un día de furia

Se han convertido en estampa de todos los días, uno va en el vehículo, propio o de servicio...

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Se han convertido en estampa de todos los días, uno va en el vehículo, propio o de servicio, y no falta el joven con botella en mano llena de agua jabonosa que te “baña” el vidrio y limpia la espuma con un pequeño rastrillo, para luego estirar la mano pidiendo algunas monedas.

Como dirían algunos amigos, sus abuelos coinciden al decir que “si está joven y no está vendado o con bastón, puede trabajar de lo que sea, así sea de ayudante de albañil”. Es curioso, pero a veces no se trata de cuestión física, sino de pudor o comodidad; al cruzar la avenida Coba a la altura del parque de Fonatur me encontré a un joven boleador de zapatos. Como necesitaba una foto del monumento que ahí se encuentra, le pedí caminara al frente para darle “vida” a la postal.

Se negó, “no, me da pena, ya estoy grande y ando boleando zapatos, que van a decir los que me conozcan”. Postura contrastante con un chavo dedicado a limpiar parabrisas en los cruceros de la ciudad, en su caso, a pesar de estar sano y en sus cinco sentidos, al cuestionarlo por qué no busca un trabajo con ingresos un poco más estables, él me contestó: “para qué, cuando me va mal saco para comer unos 100 pesos, cuando la cosa mejora, llegó hasta los 400 pesos; como ayudante de albañil, con 80 pesos al día y una comida, ya no te quieren pagar horas y horas de trabajo, no se vale”.

Por otro lado, están aquellos que no se conforman con un “no tengo cambio, te doy mañana”, y te exigen les des la propina que se “merecen” por la labor realizada.

Algunos conductores optan por darles unos centavos o un peso a lo mucho, otros los ignoran cerrando la ventanilla, mientras unos más se molestan e incluso intercambian insultos con los “viene viene” o los limpiaparabrisas.
En ambos lados existen extremos marcados, aquellos que con estos “oficios” han encontrado un modo de vida o que por la falta de oportunidades no encuentran otra opción, y los “clientes”, que mientras algunos ignoran la realidad, otros la enfrentan de golpe.

Sólo esperemos que en las calles de Cancún, en los cruceros de la ciudad, no se replique la misma escena de la Ciudad de México, como la de un joven dedicado a limpiar los vidrios de los automóviles lanzó agua jabonosa contra uno, a pesar de que el conductor le dijo que no quería el servicio, una vez terminada su labor, exigió su pago. Como era de esperarse, el conductor se negó a darle algunas monedas, lo que desató la furia del limpiavidrios pateando el automóvil, acto seguido, el conductor bajó del vehículo, desenfundó una pistola y como si se tratase de la película “Un día de furia” con Michael Douglas, el iracundo “cliente” mató a quemarropa al limpiador.

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