20 de Julio de 2018

Opinión

Un elefante dormido

La megaescultura al Mestizaje Mexicano, ubicada en la bahía de Chetumal, ha sido la obra inconclusa más polémica en la historia de la capital del estado...

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La megaescultura al Mestizaje Mexicano, ubicada en la bahía de Chetumal, ha sido la obra inconclusa más polémica en la historia de la capital del estado, cuando menos. Iniciada en el gobierno del chetumaleño Joaquín Hendricks Díaz, esta obra tan costosa fue blanco de críticas y controversia desde su origen, ya que no faltaron los defensores a ultranza, quienes justificaban la inversión gubernamental que nos obsequiaría –según sus argumentos reiterativos– un legado cultural y arquitectónico que ubicaría a Chetumal en las grandes ligas.

A la distancia se confirmó que Hendricks enfocó muy mal la inversión que debió ser orientada a prioridades culturales que fueron descuidadas, concentrando un jugoso recurso –cerca de 175 millones de pesos  – en el proyecto impulsado por el escultor Enrique Carbajal, más conocido como Sebastián.

La amistad entre Hendricks y Sebastián era de dominio público desde la campaña que inició el chetumaleño a fines de 1998. De hecho, en su primer acto como gobernador inauguró una escultura en el Instituto Tecnológico de Chetumal (ITCH), donada por el polémico artista chihuahuense.

Ya a la mitad de su gestión, Hendricks avaló la construcción de esa megaescultura en la bahía de Chetumal, aunque según el proyecto original los recursos serían aportados por empresarios y representantes de Fundaciones, quienes difícilmente resistirían el imán, disputando codo a codo el privilegio de invertir en esa obra que contaría con muchos atractivos turísticos, entre ellos acuario, planetario y restaurante-mirador.

Como era de esperarse, la inversión privada quedó en promesa y la totalidad del recurso fue aportada por el gobierno del estado, sin pasar de la primera y costosa etapa que absorbió todos los millones de pesos, dejando un legado incómodo que mancha la imagen de nuestra bahía tan seductora.

Lo positivo: el gobierno del estado detuvo el flujo de inversión, aunque contemplar la mole de acero y concreto motiva preguntas relacionadas con el futuro de esta obra fallida, convertida en dolorosa lección sobre lo que debe ser prioritario para un gobernante.

Lo cierto es que el sur de nuestro estado cuenta con abundantes atractivos naturales y de la asombrosa cultura maya que hacen innecesaria esta clase de ocurrencias de quinta categoría. Porque difícilmente los egipcios abrazarían este tipo de proyectos de mercadotecnia repletas de joyería de fantasía y cuentas de vidrio.

La megaescultura palomeada por Hendricks está ahí, con una indeseable interrogante a la orilla del mar. Darle la espalda y abandonarla a su suerte es una de las opciones más prácticas, a menos que algún empresario audaz se aviente al ruedo, posibilidad remota a estas alturas.

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