20 de Septiembre de 2018

Opinión

Un papa octogenario

No se equivocó Arrupe con Bergoglio: firme, comprensivo y cuidadoso hasta la ternura, palabra que él mismo ha recuperado...

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En España los jesuitas tuvieron la suerte de que la Segunda República los expulsara antes de la guerra. Se usó su cuarto voto, de obediencia especial al papa, para considerarlos súbditos de otra nación y pedir su salida del país. México aplicó un argumento parecido a cualquier sacerdote, aun sin el cuarto voto jesuita, hasta que Salinas les reconoció la ciudadanía.

Al ser expulsados de España antes de la guerra, no sufrieron como institución el desgarramiento entre la complicidad con los militares alzados y el seguimiento del pueblo agredido. No fueron perseguidos ni por uno ni por otro bando. En Argentina, sí. Y esa época brutal de la dictadura militar sigue en carne viva.

Cuentan que el padre general, Pedro Arrupe (un auténtico santo que vivió la bomba en Hiroshima y el postconcilio en Roma) escogió a un jesuita muy joven, el padre Bergoglio, para provincial en Argentina en ese tiempo convulso, por ser firme en la doctrina y profundamente flexible para la comprensión y el cuidado de sus hermanos, tanto jesuitas como laicos.

No se equivocó Arrupe con Bergoglio: firme, comprensivo y cuidadoso hasta la ternura, palabra que él mismo ha recuperado, hoy está, como pastor, en una silla que muchos de sus antecesores utilizaron como trono y sabe ser fiel a lo que honradamente cree como doctrina sin herir al hermano.

Discrepa del matrimonio igualitario, por ejemplo, pero declara que él no es quién para juzgar a los homosexuales, y manda detener un linchamiento como el que buena parte de la jerarquía mexicana (nostálgica de una guerra cristera a la que en su momento traicionó) atizaba desde los púlpitos. O, en desacuerdo con el derecho de la mujer a decidir, permite que cualquier sacerdote absuelva a quien se sienta pecadora por haber abortado.

Son pasos gigantescos que escandalizan o por quedarse cortos o por ir muy lejos. Pero el papa del discernimiento es un hombre bueno cuya teología moral puede discutirse, como yo lo hago porque no estoy de acuerdo con la antropología que la sustenta, sin sentirme lanzado a los infiernos por ninguna espada flamígera que puede ser cruel o ridícula, según se vea.

Acaba de cumplir 80 años y está entero. En medio de pésimas noticias, tener en este mundo su mente y su corazón de acompañantes por mucho tiempo más es un buen deseo para el año nuevo.

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