14 de Noviembre de 2018

Opinión

Un peso por litro; por el #impuesto al chesco

México es el país con el primer lugar con mayor sobrepeso y obesidad, así como el primero en prevalencia de diabetes entre los países miembros de la OCDE.

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No. El impuesto al refresco no va a solucionar el problema, la profunda crisis de obesidad y diabetes que tiene el país. No. 

Sí. Es un problema que tiene múltiples causas y, por lo tanto, requiere de múltiples soluciones. No solo eso: tardaremos años en ver resultados de las primeras acciones, si es que algún día nos atrevemos a tomarlas.
Pero toda la ciencia, todos los estudios, todos los conocedores coinciden en que una de esas causas, y una que no es menor, es el abuso que por muchas razones los mexicanos hemos hecho del consumo de los refrescos.

Desde hace un tiempo algunos legisladores, varios grupos de la sociedad civil, varios institutos de investigación alrededor de la salud, y creo que todos los funcionarios recientes de la Secretaría de Salud, han coincidido en que hay que hacer algo para reducir el consumo de los refrescos, sobre todo en niños y jóvenes.

Un par de datos: según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012, los niños en edad escolar (ambos sexos), de 5 a 11 años, presentaron una prevalencia nacional combinada de sobrepeso y obesidad en 2012 de 34.4%, 19.8% para sobrepeso y 14.6% para obesidad, mientras que en los adultos la prevalencia combinada es de 73% para las mujeres y 69.4% para los hombres.

México es el país con el primer lugar con mayor sobrepeso y obesidad, así como el primero en prevalencia de diabetes entre los países miembros de la OCDE.

México es el primer consumidor de refrescos en el mundo, se estima en 163 litros por persona por año. Entre 1989 y 2006 el consumo aumentó 60%.

En años recientes los estudios en todo el mundo han ido revelando una relación casi directa entre el consumo de azúcar y la diabetes. Entiendo que hay quien aún no cree en la teoría de la evolución, pero resulta difícil negar toda la evidencia científica alrededor de los refrescos azucarados y la enfermedad.
Dentro de la reforma hacendaria el gobierno ha propuesto gravar con un peso por litro las bebidas azucaradas.

La idea es que tal vez el precio influya en que los consumidores tomen otras decisiones. No dejarán de tomar refresco. Tal vez tomarán menos. Y ese dinero se puede utilizar en la prevención y tratamiento de nuestra emergencia de gordura y diabetes.

Todo me parece tan lógico, tan sensato… que me temo que la industria aliada con algunos legisladores derrotará la idea. 

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