17 de Diciembre de 2017

Opinión

Una cancha gloriosa

Será demolida la legendaria cancha del edificio central universitario (calle 60 con 57, antigua sede del Colegio de San Javier), la catedral del básquetbol yucateco.

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Un choque de sentimientos genera en quien esto escribe la noticia de que será demolida la legendaria cancha del edificio central universitario (calle 60 con 57, antigua sede del Colegio de San Javier), la catedral del básquetbol yucateco, porque así lo dice la historia. Hay, sin duda, mejores instalaciones deportivas hoy día, y habrá más en el futuro, pero difícilmente se podrá superar todo lo que, dentro del deporte ráfaga y en el vólibol, se gestó en ese inmueble.

Espectador asiduo de los grandes partidos que protagonizaron en esa cancha jugadores de leyenda, como Mario Esquivel, Jalil Xacur, Raúl Osorio, “El Negro Félix” López, Enrique, “el Yaqui”, Irabién, uno de los mejores defensas que ha dado el básquetbol doméstico, Arturo, “Pipirín”, González, Ramón Cupul, Tito Ortega, Mandy y Dafne López, José Obed Collí y Agustín Urbina (ambos certeros tiradores de tres puntos activos hasta hoy y con la puntería intacta), Gabriel, “El Naxón”, Zapata, un malogrado (se ahogó) José, “Pepete”, Marín (tremendo defensa), Luis, “Lico”, Rosado y el legendario entrenador y jugador Manuel, “Colorado”, Paredes, entre otros cientos, este servidor vivió con emoción muchos duelos entre el equipo de casa, Pumas (luego Jaguares) de la UDY, el Tec, Ticul, Progreso (con el sensacional “Cochón” Villanueva), Campeche, Ciudad del Carmen e  Isla Mujeres en diversos torneos.

Jugador también, modesto pero entusiasta, de algunos partidos protagonizados en la ”segunda división” de los extintos Juegos Universitarios (con la camiseta del Instituto Comercial Bancario al que “reforzó” igual que otros compañeros suyos del Seminario como Refugio Aranda y el hoy obispo Fabio Martínez y campeón con ellos en esa categoría), quien esto escribe se siente orgulloso de haber sido parte pequeñita de la historia de esa cancha inolvidable.

Fueron épocas hasta hoy no superadas –con todo y Cipeba y Liga Mexicana– del básquetbol yucateco. Cuando los clásicos UDY-Tec abarrotaban las gradas o los choques emocionantes entre universitarios y campechanos, carmelitas e isleños generaban pasión como nunca más se ha vuelto a ver. La cancha universitaria está enraizada en la historia del deporte yucateco, por esas y otras muchas razones. Por eso, hay tristeza ante la noticia de su desaparición.

Pero también hay alegría porque va a dar espacio a un recinto cultural de primer orden. Sólo así se justifica el dolor de su pérdida.

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