21 de Octubre de 2018

Opinión

Una comida: una gran idea

La cantidad de días festivos y descanso obligatorio, se suman más de 38 jornadas ¿De dónde carambas va a salir el presupuesto para cubrir tanto vacilón?

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A un  mes de celebrar la Nochebuena, la previsora familia meridana, mencionada en mi artículo, “Navidad en junio” (mayo 11 de 2014),  se encuentra satisfecha. Los preparativos a tiempo y el ahorro en molestias y dinero han creado un ambiente propicio, afecto a innovar y generar nuevas ideas.

Recientemente, en una cena, mientras degustaban tamales de “Uno de los cuatro hermanos”, Rosalinda, la abnegada esposa y madre, tomó la palabra.

Enfática, mencionó que, a la cantidad de días festivos y descanso obligatorio, se suman más de 38 jornadas conmemorativas adicionales: Reyes Magos, La Candelaria, amor y amistad, la familia, internacional de la mujer, madre, maestro, estudiante, padre, niños héroes, compadres, nietos, vecinos, etc. Eso sin tomar en cuenta la celebración de las diferentes profesiones y oficios. -Y me pregunto -dijo: ¿De dónde carambas va a salir el presupuesto para cubrir tanto vacilón?

Acostumbrados a la teatralidad materna, los comensales asintieron educadamente.

Obtenido el efecto escénico deseado, Rosalinda proclamó: -Haremos una gran comida para celebrar todas las efemérides de un jalón. Así como lo oyen. Imaginen lo que vamos a ahorrar en comida, refrescos, meseros y trago. Al festejarnos unos a otros, será innecesario malgastar nuestros centavos en obsequiarnos regalos idiotas. Sortearemos, de paso, la provocación publicitaria, evitando engordar con nuestro salario almacenes, restaurantes, salas de fiesta, comercios y cualquier otro desafío mercadotécnico. 

Constituiremos, de esta manera, un fondo financiero comunitario que ofrezca holgura económica para dedicarlo a las cosas que realmente valen la pena: el merecido festejo a Merceditas, por su examen profesional. Comprar los lentes progresivos que tanta falta le hacen a Ernestito. Apoquinar para la maestría de Clotilde. Sacar a plazos el volchito usado para Juancho, y finalmente, que su padre me invite de una vez a conocer Playa del Carmen y la Riviera Maya. ¿Cómo la ven?

Un sonido metálico, producto de aporrear los tenedores contra la mesa, fue señal de la aprobación doméstica.

El apetito de la parentela exigió otra tanda de vaporcitos, tamal colado y chocolate batido. 

El resto de la velada transcurrió en exaltaciones a la economía familiar y la bienaventuranza de saberse inteligentes.

¡Vaya biem!

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