18 de Septiembre de 2018

Opinión

Una ficticia alianza electoral

Parece simple, pero ganar o perder una elección, puede ser todo o nada... Ahí está el PAN sin la Presidencia y tan cerca de Calderón...

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La ineficiencia en las elecciones es el origen de las crisis internas de los partidos; su duración y alcance generalmente depende de la capacidad de las fuerzas, formales o no, que dirigen la vida de las organizaciones, para ponerse de acuerdo sobre la ruta a seguir y las acciones a emprender para su restauración, lo que no siempre es posible en el corto plazo.

Una muestra de las dificultades para hacerlo es la situación que priva en el PAN a partir de su derrota en las elecciones presidenciales pasadas, donde se pusieron en claro los límites de su estrategia de alianzas con el PRD, que le había dado buenos resultados para arrebatarle las gubernaturas de Oaxaca, Puebla y Sinaloa a los candidatos oficiales del PRI.

Estrategia que generó la inconformidad de buena parte de sus militantes que no están de acuerdo con sacrificar sus principios programáticos en aras del presunto pragmatismo de obtener los gobiernos estatales echando mano de candidatos de origen priista, por el costo que tienen que pagar en términos de posicionamiento electoral ante los ciudadanos.

Por otra parte, la facción más identificada con el régimen calderonista, encabezada por Ernesto Cordero, con el objeto de mantener su hegemonía, asume la defensa de la estrategia aliancista y no tiene escrúpulos para exhibir públicamente su desacuerdo con el presidente nacional de su partido, Gustavo Madero, insistiendo en que son ellos los que representan la fracción más poderosa del PAN.

La demostración más clara de insubordinación puede verse en la presentación que hizo la bancada senatorial blanquiazul de su iniciativa para la Reforma Política con apoyo de miembros del PRD, y que difiere completamente de la que había presentado hacía apenas unos días el propio Madero, lo que no deja duda tanto de la carencia de una visión aglutinadora de las corrientes blanquiazules, como de la falta de voluntad, por lo menos en el corto plazo, para llegar a acuerdos.

De ahí que algunos puedan leer la intervención de Felipe Calderón, cuando dijo que los conflictos del PAN se deben manejar internamente, como una urgente llamada de atención a sus partidarios para exhortarlos a que diriman internamente sus diferencias y dejen de dirimirlas públicamente.

Lo cierto es que la estrategia de las alianzas PAN-PRD ha sufrido severos daños a nivel nacional, pero especialmente en Baja California, Veracruz y Quintana Roo donde no le quedan instancias para hacerlas valer jurídicamente para las próximas elecciones, por no cumplir los requisitos legales para conformarlas, lo que algunos creen que se hizo adrede.

Una cosa es verdad, la llamada “alianza de facto” es más débil que una alianza electoral, en términos de capacidad para obtener votos, por ello resulta una alianza ficticia.

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