20 de Septiembre de 2018

Opinión

Una lengua viva y poderosa

Conocí la inmensa dignidad de un pueblo orgulloso y soberbio. Ahora que escribo esto pienso que ahí comencé a hacerme maya...

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El maya, la maya y lo maya siempre han estado cerca de mí, diría que entrañados en mi vida, desde los ya lejanísimos tiempos de la infancia, cuando, a lomo de mula y en un recorrido de cinco días por la selva, mi padre me llevó al mejor viaje que he hecho, cuyo destino era el reducto profundo y misterioso de una raza que nunca se dejó vencer.

En Señor, Chunhuás, Chumpón, Tabi y Carrillo Puerto conviví durante tres meses inolvidables con los niños mayas y conocí ancestrales costumbres que los que hablan “castlán” (como le dicen al español) nunca pudieron erradicar del alma indígena y menos las entendieron. Conocí la inmensa dignidad de un pueblo orgulloso y soberbio. Ahora que escribo esto pienso que ahí comencé a hacerme maya (más de lo que los genes me impusieron) y ahí aprendí a hablar ese idioma potente y majestuoso que es lenguaje de dioses.

Por eso no pude menos que saltar de gozo cuando, en feliz coincidencia, mientras se celebraba la V Mesa Redonda del Mayab en el Ficmaya 2016 –donde mayas verdaderos, literatos y científicos de altos vuelos, expusieron la vasta producción que han construido en torno al lenguaje de sus ancestros- y se premiaba a los ganadores de los concursos de cuento, poesía y novela en maya, nos llegaba la noticia de que un auténtico maya, Jorge Miguel Cocom Pech, era declarado Poeta del año en The Americas Poetry Festival, celebrado en Nueva York y patrocinado por el Instituto Cervantes.

Y no se trata de un pequeño reconocimiento, porque en esta edición el certamen reunió a literatos en lenguas originarias de 22 países que participaron “en uno de los eventos literarios más importantes del continente por su calidad, diversidad y vocación multicultural”.

Jorge Miguel, de Calkiní, es un reconocido autor, uno de cuyos libros, J-nool Gregorioe’, juntúul miats’il maya (El abuelo Gregorio, un sabio maya) fue prologado nada más y nada menos que por Miguel León Portilla, el gurú de los antropólogos mexicanos. Eso habla de la importancia de este poeta maya.

Pero también leer la obra de otros poetas y narradores mayas en el concurso convocado por el Ficmaya exclusivamente para creadores en ese idioma nos llena de gozo estético y nos hace albergar la fundada certeza de que el maya es hoy por hoy una lengua viva y poderosa. 

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