22 de Septiembre de 2018

Opinión

Una Mérida para todos

Es impostergable definir usos y destinos de los cientos de baldíos que inciden negativamente en el funcionamiento urbano en esta ciudad.

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Los grandes problemas urbanos, como los que enfrenta nuestra ciudad, suelen presentarse cuando no existe un verdadero programa de desarrollo urbano que se aplique con continuidad, más allá de los límites de los periodos de gobierno. La falta de esta continuidad, en una ciudad sin un plan director de largo plazo, en donde el desordenado crecimiento de la mancha urbana va dejando huella tras huella espacios vacíos, por muy diversas razones, condición que en nuestro caso se ve incrementada por las decenas de miles de viviendas abandonadas o sin uso.

Un compromiso impostergable es definir usos y destinos de los cientos de baldíos que inciden negativamente en el funcionamiento urbano, así como redistribuir los equipamientos generadores de fuentes de empleo y atrayentes de la actividad económica, con el propósito  de tener una ciudad más eficiente y equitativa.

Es aquí donde debe aplicarse el principio de la acupuntura urbana, como instrumento complementario de la visión integral del desarrollo urbano a mediano y largo plazos; no es sólo planificar el proceso de desarrollo, sino actuar de manera integral para, como dicen muchos urbanistas, reinventar la ciudad.

Una buena acupuntura es la que logra que la gente salga a la calle, que conviva, que comparta promoviendo funciones y equipamientos urbanos que enriquezcan la ciudad con convivencia; no hay que perder de vista que lo que más atrae a la gente es la propia gente; así, un nuevo gran parque que comienza a ser visitado, si satisface las demandas de la población hace que cada día sean más los que en él convivan.

Aquí entra en el desarrollo urbano un factor trascendental: la disminución del uso del automóvil; y es que la ciudad tiene que crecer de la mano de su estructura de comunicación, en donde el transporte urbano juega un papel estratégico, ya que la ciudad se debe reinventar de la mano de una nueva infraestructura de transporte, en una ciudad integradora de los diferentes medios de comunicación, en cuya priorización el automóvil particular debe ocupar el último lugar, y no el primero.

Estamos cerca del punto de inflexión hacia la crisis urbana, pero estamos a tiempo para cambiar el rumbo de Mérida.

Trabajemos y exijamos todos en pro de una Mérida para todos.

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