Una noche de jolgorio

Del sábado 20 a la madrugada del domingo 21, los meridanos tuvimos ocasión de jolgorio hasta decir basta gracias a la feliz ocurrencia del Ayuntamiento de Mérida que nos ofreció una Noche Blanca.

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Pocas palabras hay en español con tantos sinónimos y pocas nos suenan tanto a música como jolgorio, que puede significar alegre relajamiento, jaleo, bulla, diversión, pachanga, bullicio, fiesta, pero también (para mentes perversas de las que no hay ninguna, seguramente, entre quienes estas líneas leen) juerga, barahúnda, farra, parranda, francachela, bacanal, saturnal, festín, follón (dirían los españoles y sus adictos), desenfreno y hasta desmadre.

Del sábado 20 a la madrugada del domingo 21, los meridanos tuvimos ocasión de jolgorio hasta decir basta (espero que en todos sus significados lícitos y que si alguno ilícito hubo se haya cometido con discreción), gracias a la feliz ocurrencia del Ayuntamiento de Mérida que nos ofreció una Noche Blanca, ocasión para recorrer calles, bares, teatros, galerías, comercios (hasta ambulantes) y hartarnos de teatro, pintura (con Rembrandt como rey de la noche), música de trovadoras y trovadores (séame permitido un desplante de falsa modestia para decir que entre ellas estuvo la cantante Emma Alcocer, “orgullo de mi nepotismo”).

Entre las muchas ofertas gastronómicas, visuales y auditivas en la Noche Blanca una atrajo mi atención y la de algunos miles de los que poblaron el centro de la capital yucateca: un toque de misterio  con la apertura del Cementerio General y la exhibición, frente a la casa principal de la que fue la hacienda Xcoholté que le dio sus terrenos al camposanto, de películas de terror. Paradoja: el panteón se llenó de vida.

Jolgorio, se me pasaba decirles, proviene del verbo latino follicare, que significa resoplar y que dio origen a palabras hoy tan lejanas entre sí como falo, bala, bol, balón, baluarte, fuelle, follón, follar, huelga y holgar (que lo mismo puede significar descansar a pierna suelta que yacer con una mujer, hoy se diría  con una pareja sentimental, por aquello de la equidad de género).

El alcalde, cuestionado por muchos (yo entre ellos) por otras cosas que no nos parecen, y su director de Cultura se apuntaron un diez. Esperamos más noches de esas.

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