18 de Noviembre de 2018

Opinión

Una pantalla plana para cada venezolano

Pues bien, hay otra nación, en nuestro subcontinente, donde las cosas se llevan a contrapelo de esta tendencia mundial.

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El capitalismo, como la democracia, no es un sistema perfecto. Pero, no hemos descubierto todavía otra manera de generar riqueza para luego repartirla. Hasta los señores dirigentes que participaron en el Tercer Pleno del 18º Comité Central del Partido Comunista Chino (PCCh) terminaron por resolver, al concluir su solemnísima reunión, que el libre mercado debía ser impulsado todavía más: más sector privado, más apertura, más inversiones, más empresas de particulares. Y esto, en una tierra de flagrantes desigualdades donde coexisten millones de campesinos pobrísimos y una pujante casta de nuevos ricos.Estamos hablando, señoras y señores, de un país comunista, lo cual es la más contundente prueba de que las palabras ya no tienen el significado que les conocíamos antes.

Pues bien, hay otra nación, en nuestro subcontinente, donde las cosas se llevan a contrapelo de esta tendencia mundial.

Teníamos ya a Cuba que, como Corea del Norte, prohíbe expresamente la realización de negocios y la propiedad privada. De paso, proscribe también la existencia de partidos políticos opositores, anula el ejercicio público del pensamiento crítico y limita severamente la libre expresión.

Todo ello a punta de amenazas, condenas y castigos infligidos con el pretexto de preservar las conquistas sociales de una Revolución (con mayúscula) que necesita ser resguardada, todos los días, por la avasalladora maquinaria de un Estado autoritario y represor. Ah, y como punto culminante de esta estructura dominante, la figura de un caudillo todopoderoso que, como siempre, encarna, en su augusta persona, todas las posibles virtudes y los logros de la mentada gesta revolucionaria.

Al final, si ustedes se fijan, el problema se reduce a eso, a asegurar la preeminencia del dictador de turno. Un individuo, uno solo, tan intocable como un dios, que se las ha a apañado para tener a un país entero sojuzgado. Vaya modelo de sociedad, sustentado en el culto a una persona y en la sistemática preservación de sus desmesuradas potestades.

Volviendo a lo de ese país que va a contracorriente en este hemisferio, ahora tenemos, de pilón, a la República Bolivariana de Venezuela(que así es como lo han rebautizado) donde a un líder esperpéntico le acaba de conceder, el Congreso, poderes absolutos para ya ni siquiera tramitar sus decisiones e iniciativas en un parlamento donde se puedan analizar, y discutir, sino que pueda imponerlas, a la torera, cuando le venga en gana y a su gusto. Nicolás Maduro, de tal manera, va a poder legislar a su antojo. Y para abrir boca, antes inclusive de que se promulgue la llamada Lay Habilitante que le concederá temporalmente (ya veremos, lo que queda de Venezuela luego de esta temporalidad) plenos poderes, el hombre ha arremetido ya contra los establecimientos comerciales donde venden aparatos electrodomésticos para combatir, en la “guerra económica” que ha declarado, a los “parásitos” usureros que le “chupan la sangre” al noble pueblo venezolano.

Hizo un llamado a la población, luego de tomar la decisión de confiscar las mercancías de varias tiendas para venderlas a mitad de precio, a que vaciaran las estanterías de los establecimientos: “Que no quede nada en los anaqueles”, pidió. Le respondieron de inmediato: los comercios fueron saqueados por turbas que jamás en la vida volverán a gozar de parecida licencia.

Es muy difícil comprender cómo es que han llegado las cosas a estos extremos. Para imaginar apenas la realidad venezolana, imaginemos aquí, en estos pagos, que el Presidente de la Republica calificara a los dueños de Elektra, Coppel, Bodega Aurrerá, Soriana, Famsa o Chedraui de “virus”, “usureros” y “termitas del mal” para luego decretar no sólo la confiscación pura y simple de sus mercancías sino ordenar su venta a precios fijados arbitrariamente. Y esto, en un entorno de inflación desatada, de devaluación de la moneda nacional y de dólares, escasísimos que, por ello mismo, se venden en el mercado negro diez veces más caros que el precio oficial en una economía que ya noproduce nada y que necesita importarlo todo.

Luego de imponerle absurdos controles de precios a un sistema cada vez más ineficiente y distorsionado, el sucesor de Chávez, que ya no es meramente un payaso sino un personaje nefastísimo, va a terminar de arruinar a su país. Dice Maduro: “Tenemos que garantizar que todo el pueblo venezolano tenga un televisor de plasma”. Ustedes dirán…

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